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Un viaje (y no carrera) por tierra rarámuri

En este viaje a las Barrancas del cobre, en Chihuahua, México, no había alguna carrera programada, sin embargo, el hablar de maratones y principalmente, de ultramaratones, es cosa de todos los días en tierra rarámuri o tarahumara.

Trasladarse al estado de la República Mexicana con mayor extensión territorial, vecino de Nuevo México y Texas, genera quizá la misma adrenalina con la que se llega a ciudades como Nueva York o Chicago para correr un maratón. Y las razones son varias.

Las imponentes barrancas y el silencio que sólo se interrumpe con las bocinas del tren Chihuahua-Pacífico (Chepe) que cruza la entidad; la calidez de los chihuahuenses para recibir a los turistas mexicanos y de otros países; el contraste de observar una cueva en la que viven hasta 11 indígenas rarámuris a escasos 900 metros de un hotel como el Best Western, son algunos argumentos.

La belleza de esta región es de tal dimensión que en una población como Creel, con poco más de 5 mil habitantes y a menos de 200 kilómetros de la capital de estado, hay 22 hoteles y en los próximos meses se prevé la apertura de un aeropuerto que ofrecerá vuelos internacionales para atraer visitantes extranjeros.

La sierra tarahumara es también lugar de pobreza. La visita al lago de Arareco, por ejemplo, la hicimos en compañía de cinco niños que nos siguieron durante nuestra visita con el fin, primero, de ofrecernos artesanías que sus madres elaboran para después pedirnos, casi de manera automática, un peso.

Una alternativa que nos funcionó para ofrecer a los pequeños fue comprar una bolsa de galletas para regalarles cada vez que nos encontrábamos. En la comunidad de San Ignacio, las palabras que los menores repetían eran: “Compra”, “un peso” y para rematar: “Tengo hambre”.

El espectáculo de las Barrancas

Mi experiencia en las Barrancas del cobre dio un giro cuando llegamos a Divisadero -la zona más alta de este lugar con cerca de 2 mil 300 metros sobre el nivel del mar- y Gustavo Lozano, el guía que nos acompañó en esta región, empezó a describir su gusto por correr, el conocimiento que tiene de la zona luego de vivir 23 años ahí y las experiencias de entrenar con ultramaratonistas como Miguel Lara o Arnulfo Quimare. Aquí una entrevista a este par de corredores donde el traductor fue Gustavo.

La zona donde se encuentran Barrancas, Areponapuchi, Divisadero y el Parque Aventura (en este lugar se ubica la tirolesa Zip Rider, de dos kilómetros y medio de longitud y un teleférico) es el punto más alto de la montaña y se puede hacer a través de diferentes medios: en una caminata, en cuatrimoto o a caballo.

Elegimos caminar poco más de una hora mientras Gustavo nos explicaba la logística del ultramaratón Caballo Blanco y señalaba algunos de los tramos que se corren cada año en esta competencia en la que participan tanto corredores rarámuris como extranjeros.

La fascitis plantar que padezco desde hace unos meses me impidió correr, pero al menos pude caminar por la montaña para llegar al mirador y subir la pendiente de 700 metros que es obligatoria para quienes se lanzan al vacío en la tirolesa Zip Rider. Que no está de más decirlo, es una experiencia imperdible. Ver video.

Un viaje totalmente de placer

Visitar las Barrancas abordo del Chepe es un recorrido principalmente para adultos por las actividades que se pueden hacer y porque en algunos hoteles de la zona se privilegia el descanso y el contacto con la naturaleza por encima de la tecnología: no hay televisiones ni acceso a internet.

Una recomendación que les hago a los corredores que tengan pensado visitar las Barrancas del cobre es organizar una caminata que baje al río Urique desde Divisadero de ida y vuelta, lo que tomará entre seis y ocho horas, según la condición física de los visitantes. Se pueden organizar otros trayectos de distinta duración.

Para que esta experiencia sea exitosa es imprescindible contar con un guía calificado que conozca la zona y tenga el liderazgo para detener la excursión en caso de que alguno de los participantes no esté físicamente capacitado para terminar. Gustavo Lozano es una opción.

Si en alguna ocasión no tienen claro qué maratón correr, una opción podría ser, sin duda, llegar a las Barrancas del cobre y con el apoyo de un guía, emprender la carrera-caminata por tres o cuatro horas, es muy probable que no recorran 42 kilómetros ni reciban una medalla, pero seguramente será la experiencia de sus vidas.