Correr un maratón y grabar video, las imágenes de Buenos Aires

Los últimos tres maratones que he corrido lo he hecho con una cámara de video en la mano.

La primera vez parecía una obligación llevar para el trayecto de los 42.195 kilómetros una cámara de foto o video, o ambas, pues los paisajes panorámicos de Big Sur, entre las montañas y el océano, lo ameritaba.

Los organizadores de Big Sur sugieren a los corredores olvidarse de intentar mejorar sus tiempos en esta carrera, por lo complicado de la ruta y mejor llevar una cámara para captar la belleza de esta zona californiana. De ahí surgió el post: “En Big Sur el tiempo puede esperar”.

La segunda vez, en Nueva York, arranqué con la cámara luego de grabar algunos detalles en los corrales, previo al escopetazo de salida. Esa vez la idea era capturar aspectos de los primeros 21 kilómetros y luego entregar la cámara y el bastón a alguno de mis familiares que debí encontrar a lo largo del recorrido. Nunca los vi y tuve que llevar la cámara ya sin batería hasta la meta.

El traslado del hotel a Staten Island en ferry, la espera al disparo de salida y ver la cantidad de ropa que los corredores donan en este maratón, quedaron grabados.

En Nueva York y Big Sur llevé, además de la cámara de video Sony Action Cam, el celular para tomar algunas fotos. No recomiendo cargar estos gadgets durante un maratón, pues es complicado llevarlos, cuidarlos y a veces la energía no da para correr, grabar o tomar fotos al mismo tiempo. Yo lo volveré a hacer.

Les dejo algunos aspectos del maratón de Buenos Aires, que en resumen es una competencia de primer nivel (selectivo olímpico para los locales), con un recorrido que lleva al corredor por los principales destinos turísticos y para quien busque mejorar su marca personal, este maratón es ideal para buscarlo.

 

El maratón de Chicago a la lista de espera

El cuerpo cobró factura y Chicago deberá esperar.

Desde la cancelación del maratón de Nueva York en 2012 -que se suponía sería mi primero- la decisión de elegir en qué carreras inscribirme y con cuántos meses de distancia entre ellos, se salió de control al grado que en los últimos 11 meses corrí tres maratones y tuve que renunciar a uno más.

En noviembre 2012 se canceló por primera vez en su historia el maratón de Nueva York; en diciembre de ese año corrí mi primeros 42.195 kilómetros y ante la pobre experiencia, opté por correr cuanto antes otro maratón para sacarme la espina.

En junio de 2013 crucé la meta del maratón de San Diego y seis meses después el reto sería en Monterrey. En el “receso” entre San Diego y Monterrey logré inscribirme a los 42 kilómetros de Big Sur 2014. La calentura de los maratones estaba a tope.

En Monterrey, Nuevo León, bajé por primera las cuatro horas en la distancia, logro que repetiría cuatro meses después en Monterey, California.

Las metas de 2014 eran correr Big Sur y Chicago, sin embargo, el salir en el sorteo del maratón de Nueva York me hizo inmediatamente pensar en ajustar los planes: correr tres maratones en el año, los últimos dos con diferencia de tres semanas.

El ritmo de entrenamiento no bajó, seguí preparándome para llegar en buena forma a Chicago, el 12 de octubre. En el programa estaba correr el medio maratón de la Ciudad de México, en junio, y luego hacer distancia el 31 de agosto en el maratón capitalino.

Agosto fue un mes clave y quizá en el que mi cuerpo se quejó de la carga de entrenamiento. A mediados de ese mes viajé a Sonora para reunirme con mis amigos de la prepa y jugar un partido de beisbol. El cambio de ejercicio y el jugar varios partidos en un mes hicieron que el rendimiento bajara en las carreras y empezara a sentir una severa fatiga.

Tanto el medio como el maratón de la Ciudad de México, ambas rutas que hice como preparación, representaron un verdadero sufrimiento, al grado de pensar por primera vez en abandonar una carrera.

En ambos casos terminé sólo porque el punto de reunión con Vero era en la meta para después irnos al hotel; el cansancio físico y mental eran los principales síntomas. Cuando la cabeza está débil, cualquier pretexto es suficiente para pensar en renunciar.

Durante los 32 kilómetros que corrí el día del maratón, experimenté síntomas de deshidratación y la coca cola que me ofrecieron en el recorrido significó una bomba para el estómago. Aprendí y llegué corriendo a la meta al Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria, con mi cámara en mano.

Después de esa carrera en la ciudad de México decidí parar y dejar que el cuerpo se recuperara. Faltaban escasas seis semanas para el maratón de Chicago y me importaba poco si lo corría o no. No estaba bien.

¿Qué tanto puede un corredor mejorar su tiempo en el maratón?

Quien diga que mejorar su propio tiempo en el maratón carece de importancia, es porque nunca ha competido.

Terminar la carrera, entrenar por el hecho de llevar una disciplina, mantenerse sano, o bien, finalizar los 42 kilómetros para que en la tarde de ese día se pueda disfrutar de una buena cena, son metas legítimas para cualquier persona, pero cruzar la meta y ver que el reloj indica un menor tiempo al de nuestro maratón anterior, es la mejor satisfacción.

Big Sur: imponente escenario, rudo recorrido

Cuando te inscribes al maratón de Big Sur la expectativa de lo que te encontrarás en esta zona de California es aplastante: correrás por la ruta que ofrece la mejor vista en el mundo.

Es un recorrido que inicia en Big Sur (ubicado a 480 kilómetros al norte de Los Ángeles) y termina 26.2 millas (42.195 kilómetros) después en Carmel, un pequeño pueblo de menos de cuatro mil habitantes que ha tenido como alcalde al actor Clint Eastwood.

Este maratón cuenta con diferentes distinciones que avalan los elogios que recibe, en el 2012 fue reconocido con el premio “Best Destination Marathon” por los lectores de la revista Competitor, mientras que en enero de este año la revista Forbes incluyó a esta carrera, que se realiza en la Península de Monterey, como uno de los 10 mejores destinos para correr un maratón.

El escenario natural que ofrece el Océano Pacífico y las montañas de la costa californiana dan como resultado una ruta con cuestas que lo mismo hay que subir y bajar. No es por nada que los organizadores recomiendan a los corredores dejar los audífonos en casa para disfrutar de los sonidos naturales, así como de la música del pianista Michael Martinez en la marca del medio maratón y el puente Bixby y los tambores Taiko Drummers que anuncian el principio del Hurracaine Point, la cuesta más famosa del recorrido con 520 pies (160 metros) de elevación en poco más de tres kilómetros.

LlegandoMeta
Correr y grabar resultó una alternativa en Big Sur.

Otra recomendación es llevar una cámara fotográfica, pues pocos son los corredores que pueden evitar caer en la tentación de detenerse para tomar una foto. Con esta idea viajé a California y decidí que en el maratón de Big Sur, el tiempo podía esperar, relajarme y pasear por esta ruta singular.

Era mi cuarto maratón en dos años y segundo en cuatro meses y medio. Venía de correr en Monterrey, Nuevo León en diciembre pasado, donde por primera vez bajé la marca de las cuatro horas (3:58); en algún momento pensé en mejorar ese tiempo, no obstante, después de meditarlo con mi entrenador, acordamos que disfrutaría el paisaje y tomaría fotos, muchas fotos. Bueno, al menos ese era el plan.

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Después de un recorrido en camión de 45 minutos, llegué a la línea de salida. El clima era aproximadamente de 6 grados y había que esperar más de hora y media para el disparo de salida.

Aproveché para comer un par de frutas que llevaba y para ir al baño, las colas para entrar a los portátiles eran de más de 20 personas. Mientras, los organizadores habían montado, en menos de una hora, la salida del maratón: un arco inflable con los colores de la carrera, dispositivos en la carretera para leer los chips y además, habilitaron un templete con sonido para la ceremonia previa a la salida. El show estaba listo.

Sin darme cuenta, el tiempo ya había pasado y tenía que entregar el morral en el guardarropa y dirigirme a los corrales de salida que se organizaron en ese momento. A través del sonido local, los organizadores armaron tres olas según los tiempos estimados de los participantes y 10 minutos antes de iniciar, la mayoría de los corredores ya estábamos listos para salir. Por primera vez no troté ni 10 metros antes de iniciar la carrera, no había espacio para hacerlo. Después del himno estadounidense y varios ejercicios de lubricación, la carrera comenzó.

Mis cámaras estaban listas. Empecé a grabar video en la salida, pero también estaba listo para hacer algunas fotos con mi celular Samsung, el cual me permite disparar mientras corro sin perder el foco.

Cuando corres Big Sur debes estar preparado para esperar un camino con poca gente alrededor. Correr en la Carretera 1 significa hacerlo en un camino que está completamente cerrado para el público; saldrán algunos vecinos que tienen sus negocios cerca o personas que estén en algún campamento.

Los primeros kilómetros tienen una ligera bajada que, combinada con la adrenalina de la salida, puede jugar en contra del corredor. Los primeros 10 kilómetros fueron buenos: grabé varios minutos de video y de vez en cuando revisaba el reloj para controlar la velocidad y no ir más rápido de lo planeado. Crucé los primeros 10k en 53 minutos. Más rápido de lo estimado pero me sentí muy bien.

Los primeros kilómetros se corren en medio del bosque, los árboles parece que te abrazan en el camino mientras los corredores buscaban entrar en ritmo. Los segundos 10 kilómetros prometían ser más atractivos y con retos distintos, pues en la milla 10 iniciaba el imponente Hurricane Point y se correría al lado del océano.

Bixby
La marca del medio maratón está justo al cruzar el puente Bixby.

Cada una de las millas de este maratón está marcada con un cartel de algún patrocinador que aprovecha para enviar algún mensaje a los participantes, por ejemplo, en la milla 9 una persona escalando una pared indicaba el inicio del Hurricane Point. Quizá uno o dos kilómetros antes de llegar a este punto puedes ver la montaña y el camino al que pretendes llegar, un cerro completamente verde y del lado izquierdo el mar en movimiento que se estrella contra las rocas.

Hasta ese momento no me había detenido para tomar fotos, no había sido necesario, pues el ritmo de carrera bajó en comparación con los primeros 10 kilómetros y pude grabar sin problema. La mejor parte de este maratón son los primeros 21k. En este trayecto encuentras de todo: largas pendientes, árboles gigantes, el mar, entras a escalar Hurricane Point con los tambores orientales a todo lo que dan y justo llegas a la marca del medio maratón cuando cruzas emblemático puente Bixby (ese que aparece en casi todas las fotos de Big Sur) y al salir del puente encuentras de frente el piano del Michael Martinez. Fue aquí donde decidí detenerme y sacar el teléfono para hacer unas cuantas fotos. Imposible pasar este punto sin frenarse para admirar el paisaje. En el segundo 10k marqué 56 minutos.

Es justo en este punto donde la estrategia de carrera se va al fondo del mar. Sentir la adrenalina de estar en ese lugar imponente y darte cuenta que estás ahí para hacer un maratón, la reacción natural es correr más rápido y vivir la experiencia tope.

La preparación para este maratón la hice con un equipo de atletas calificados al maratón de Boston 2014 que me hicieron correr a velocidades poco habituales para mí y me ayudaron a mejorar mi ritmo de carrera, no obstante, al cruzar la milla 17 en Big Sur, me di cuenta que la adrenalina y la velocidad me llevarían a sufrir de más en los últimos kilómetros. En el tercer 10k detuve el crono en 54 minutos; faltaban 12.195 kilómetros.

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Llegué a la milla 20, cerca del kilómetro 30, con poca fuerza en las piernas y para mi sorpresa las cuestas seguían ahí. Por un momento pensé que después de cruzar el Hurricane Point lo demás sería más fácil. Estaba muy equivocado.

Bajé el ritmo de carrera, las piernas no respondían como antes y empecé a sentir mucha sed. Aproveché cada una de las siguientes estaciones para hidratarme y comer lo que ofrecían. Aún así, seguí acumulando kilómetros.

Una de las estaciones que distinguen a este maratón es la que se ubica muy cerca de Carmel, en la milla 23, en la que vecinos de la zona salen a ofrecer fresas a los corredores. Frutos color rojo intenso, del tamaño de pelotas de golf y más grandes, resultaron un manjar en ese momento, pasé corriendo y de un puño me llevé cuatro jugosas fresas que disfruté como nunca.

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Big Sur es un maratón sorprendente por su belleza y lo complicado de su ruta.

A unos 500 metros después de la milla 25 me encontré con una  pendiente de unos 700 metros de longitud. Quería llorar. Medité la posibilidad de caminar, de pararme y esta vez no era para tomar fotos. Pensé en algo más y cuando me di cuenta la subida había terminado. Pasé el cuarto 10k en 59 minutos.

A estas alturas de la ruta sólo pensaba en la meta y aún no la podía ver, en cambio, un oficial del recorrido estaba parado a un lado de la carretera alentando a los corredores con una frase que no olvidaré: “Terminaron las cuestas, viene una bajada y luego la meta. Están muy cerca de logralo”. Una corredora que venía detrás de mí aprovechó para agradecerle al oficial la “hermosa carrera que organizaron”.

Terminó la bajada y empecé a ver gente a los lados de la carretera; estaba a metros de la meta. Saqué la cámara de video que había guardado desde hacía un buen rato y empecé a grabar.

Antes de cruzar la meta vi el reloj oficial que marcaba 4:00 horas. En ese momento me sentí satisfecho de la carrera y me di cuenta que valió la pena el esfuerzo, crucé la meta y detuve mi cronómetro en 3:59, mi segundo mejor tiempo en un maratón.

Correr el maratón de Big Sur en menos de cuatro horas es una meta que no estaba en los planes, pero que tampoco resultó sorpresiva, pues siempre entrené para ser mejor.