Dos trayectos de entrenamiento por Nueva York

He podido estar varias veces en Nueva York por distintas razones. La última de ellas quedó marcada por la incorporación de la rutina de entrenamiento para un maratón al itinerario de viaje.

Cuando integras la carrera a tu rutina diaria empiezas a organizarte para entrenar en cualquier lugar donde estés. Puede ser que sin darte cuenta, incluyas un par de shorts y unos tenis entre tu ropa para el periplo. En caso de no hacerlo, Nueva York te obligará a conseguir unos tenis y salir a correr.

En este último viaje de cuatro días pude correr en dos lugares que recomiendo: Central Park y la ribera del Hudson, el emblemático río que divide a Nueva Jersey de Nueva York.

Cuando vas a Nueva York debes hacer lo posible para hospedarte en algún hotel de Manhattan, aunque resultará más caro que hacerlo en Queens o en Brooklyn, vale la pena. Una opción que utilizo para conseguir hospedaje a precios más baratos que los que ofrecen regularmente los sitios de los hoteles es Hotwire.

En este portal puedes seleccionar la zona en la que deseas hospedarte y, sin mostrarte el nombre del hotel, te proporciona alternativas que resultan ser muy buenas. Una vez que pagas, te llega por correo el nombre del lugar donde te alojarás. Para los maratones de Chicago y Nueva York el año pasado, el hospedaje lo conseguí por este medio.

Correr en Central Park es una experiencia que eleva el nivel de adrenalina. Este lugar es donde se ubica la meta del maratón de Nueva York y en el que difícilmente podrás correr una distancia mayor a 5 kilómetros si visitas la ciudad para participar en el maratón.

Es un lugar turístico que se debe visitar y en el caso de quienes corremos, lo mejor es conocerlo a trote. En el 2012, cuando se suponía que correría el maratón (el cual fue cancelado a causa del huracán Sandy) hice un trayecto de 15 kilómetros por este parque. Este año troté 12 kilómetros, entre ellos un par de repeticiones de 2k en la laguna central del parque.

La ventaja de hospedarte en Manhattan es que puedes llegar a pie a Central Park o a la ribera del Hudson. Así lo hice.

Salí del hotel en la calle 44 rumbo al río y tomé con dirección al centro de la ciudad, que ofrece una vista inmejorable con Nueva Jersey del lado derecho y al fondo, el One World Trade Center, el nuevo edificio que se construyó para reemplazar las Torres gemelas y que está entre los 10 rascacielos más altos del mundo.

Cuando sales a correr en ciudades como Nueva York es necesario que midas por tiempo o por kilómetros lo que te alejas de tu hotel, pues la adrenalina puede hacer que llegues más lejos de lo que tenías pensado. Por ello no salgas a correr sin dinero, nunca sabes si tendrás que tomar el metro de regreso.

Este recorrido por los puentes de Brooklyn y Manhattan, son buena alternativa para hacerlos a trote.
Este recorrido por los puentes de Brooklyn y Manhattan, es buena alternativa para hacerlo a trote.

Un tercer recorrido que no hice por lo lejos que me quedaba de mi hotel, es cruzar el puente de Brooklyn a trote para después regresar por el puente Manhattan. Este trayecto entre estructuras metálicas lo hice a pie y me quedé con las ganas de regresar a correrlo.

Dos trayectos por la ciudad de Nueva York como entrenamiento para el maratón de Buenos Aires sólo fueron superados por la experiencia de hacer este viaje con Sebastián.

La mujer maravilla y la magia de la ciudad de Nueva York

I

Finalmente llegó el día para correr el maratón de Nueva York.

La carrera que recibe a más de 50 mil corredores de 130 países y a la que debes registrarte nueve meses antes al día del disparo de salida; la competencia a la que seguramente no saldrás sorteado para correr y que debas apartar tu lugar a través de una agencia de viaje; la prueba a la que debes levantarte a las 5 de la mañana para empezar a correr cinco horas y media después; el evento al que te organizas para viajar y que no es garantía que se realice.

En el TCS New York City Marathon puedes encontrarte historias como la de un corredor que pierde su argolla matrimonial en los alrededores de Central Park, moviliza a través de redes sociales a varios de los 10 mil voluntarios participantes y encontrar el anillo horas después. Esa es parte de la magia de Nueva York que a veces se vuelve milagrosa. El maratón que sorprende a los participantes.

Se suponía que este año no correría en esta ciudad, no estaba en los planes y llegué a pensar que ni siquiera me interesaba correrla después de la cancelación que viví hace dos años. En 2014 estaría en Big Sur y en Chicago, dos maratones en el año. ¿Qué más podía pedir?

Para ser claros: Nueva York no estaba en la agenda. Simplemente la inscripción al sorteo del maratón que hice no me acuerdo cuándo ni porqué, me favoreció y gané mi número a la carrera neoyorquina. Cuando leí el mensaje de aceptación, que vi 12 horas después de recibirlo y que saqué del basurero de mi correo, me di cuenta que sí me interesaba correr el maratón de esa ciudad y que Chicago y cualquier otro maratón del planeta podían esperar. No le puedes decir que no al maratón de Nueva York.

II

El maratónico recorrido para llegar a la línea de salida empezó a las 5 de la mañana: caminar a la estación de metro que nos llevaría al ferry para posteriormente desembarcar en Saten Island; tomar el camión para un recorrido de 15 minutos y caminar al parque en el que esperaríamos cerca de tres horas antes de disparo de salida, en mi caso, para la segunda ola de la carrera.

En esta ocasión hubo un  ingrediente extra: un fuerte viento que sopló esa mañana provocó que la sensación térmica bajara casi cinco grados y que tuviéramos que esperar la hora del escopetazo a una temperatura cercana a los 0 grados centígrados; los ráfagas de 40 kilómetros por hora hicieron que la competencia en silla de ruedas se recortara de 26.2 a 23.2 millas.

El tiempo de espera lo aprovechamos bien. Vero consiguió dos cajas de cartón que nos sirvieron para sentarnos en una de ellas y con la otro hicimos una pared que nos resguardó un par de horas. En ese tiempo, Vero se maquilló para completar su disfraz de catrina. Su cara pasó a segundo plano y en las calles, mientras corría, los neoyorquinos la bautizaron como “Lady flowers”. Si los espectadores hubieran sabido que apenas dos semanas atrás corrió el maratón de Chicago, el sobrenombre de Vero habría sido el de “Mujer maravilla”.

III

Cuando llegas a Staten Island para tomar la salida, se sugiere vestir ropa térmica, guantes, gorro, alguna sudadera o chamarra (o ambas), pants y cualquier otro accesorio para calentar el cuerpo. Toda la ropa se quedará en el camino y será indumentaria que se donarán a gente necesitada. Este año se recolectaron 26 toneladas de prendas.

El inicio de este maratón es espectacular. Empieza en el puente Verrazano para llegar a Brooklyn, el segundo de los cinco vecindarios que se recorren en la ruta de 42.195 kilómetros. Nos tocó cruzar el puente por el segundo piso y ahí empezó la batalla contra los kilómetros y el invitado especial de ese día, el viento.

Al ser para Vero su segundo maratón en días y para mí el primero después de un receso en los entrenamientos, el reto era llegar a la meta y dejar cualquier marca personal para otra momento. Por ello, nuevamente, llevé mi celular para tomar fotos y mi cámara de video para grabar algunos aspectos de la carrera. La pila de la cámara no aguantó el maratón y murió justo al cruzar la marca de 21 kilómetros. Corrí toda la ruta con cámara en mano.

Nos acompañamos Vero y yo los primeros 12 kilómetros y después la perdí. Ella bajó el ritmo para guardar energía y yo seguí a mi ritmo. A paso seguro.

Es difícil ubicar un tramo del recorrido donde no encuentres gente que grite para apoyar o brinde un sonoro aplauso a quienes invaden las calles de la ciudad. Brooklyn es uno de los vecindarios con mayor diversidad de culturas, se pueden ver negocios casi de cualquier parte del mundo y hay varias calles en las que el asfalto desaparece por la cantidad de corredores y gente que quiere ser parte del maratón. Se estima que el maratón reúne a 2 millones de visitantes.

IV

El recorrido te lleva de Brooklyn a Queens, la tercera comunidad y donde el puente Queensboro cobra vida para llevar a los corredores a Manhattan. Cuentan que esa parte del maratón es una de las más complicadas por la constante subida que presenta, en la milla 15 de la competencia. Lo complicado de este trayecto es que debes rebasar a la gente que detiene su paso y empieza a caminar y a otros más que hacen alto total para apartarse del camino y contemplar de frente la isla de Manhattan.

Si bien este tramo tiene su grado de dificultad, salir del puente para tomar la Primera Avenida es uno de los momentos más emotivos de esta carrera, pues cientos de personas eligen esta ubicación para ver a los corredores, por lo que los gritos de apoyo toman su máximo nivel en este punto.

Para mí resultó más complicado correr por la Primera Avenida, una gran recta de 5 millas (ocho kilómetros) con una ligera inclinación hacia arriba, lo que permite ver el mar de corredores a lo lejos que te advierte que te falta muchísimo para cruzar ese tramo de la carrera. Esa sensación de ver lo que deberás recorrer es una trampa para la mente.  Al final de esa avenida está el Bronx, el quinto vecindario.

V

Si cuando estás en el Bronx esperas ver por algún lado el famoso Yankee Stadium, olvídalo, no lo verás. El recorrido por este barrio es de tres kilómetros, del 30 a 33 para después regresar a Manhattan, tomar la Quinta Avenida rumbo a Central Park para las últimas cinco millas, las más duras del maratón.

En esa parte de la ruta los rascacielos oscurecen la ciudad y el frío pega con más fuerza. Ahí empecé a sentir el cansancio, pero lejos de alguna sensación como en las carreras de las Ciudad de México. Iba a terminar este maratón y lo iba a hacer fuerte.

Entré a Central Park y el imaginar que la meta está cerca te invita a acelerar, pero la cantidad de corredores y espectadores complicaron cualquier intento de ir más rápido. En la milla 25, a poco más de mil seiscientos metros de la meta, está quizá el revés más grande que te da la ruta de este maratón: debes salir de Central Park para cruzar el parque a lo ancho por la Calle 59. Tan cerca… y luego te sacan del lugar donde esta la línea final. Sentí que se me acababan las fuerzas.

Crucé la meta en el tiempo que tenía planeado y con la satisfacción de haber conseguido el objetivo que apenas unas semanas antes estaba en entredicho. Caminé a buscar algo que comer. Mientras, saqué el teléfono para tomar algunas fotos y envié un mensaje para avisarle a la porra que había llegado a la meta y que estaba vivo.

Yoli me contestó que Vero estaba a 20 minutos detrás de mí. Decidí esperar a la “Mujer Maravilla” en el camino a la salida y crucé los dedos para poder verla. Este año se registró un récord de maratonistas que terminaron el trayecto, con 50 mil 530 personas. El coincidir con Vero sería algo parecido a un milagro. Después de la carga de kilómetros que Vero traía, no estaba seguro si terminaría este maratón.

Casi a los 20 minutos vi a lo lejos las flores amarillas en la gorra de Vero. “Ladie flowers” cruzó su segunda meta de maratón en unos días y esta vez pude recibirla. Se dio el milagro.

No recuerdo haber abrazado a alguien con tanto gusto como ese día abracé y besé a Vero. La adrenalina de terminar un maratón se fusionó con el orgullo de ver a Vero alcanzar sus objetivos, el último de ellos, con la magia que contagia la ciudad de Nueva York.

 

El Maratón de Nueva York 2014 from lopezneri on Vimeo.