El maratón de Chicago a la lista de espera

El cuerpo cobró factura y Chicago deberá esperar.

Desde la cancelación del maratón de Nueva York en 2012 -que se suponía sería mi primero- la decisión de elegir en qué carreras inscribirme y con cuántos meses de distancia entre ellos, se salió de control al grado que en los últimos 11 meses corrí tres maratones y tuve que renunciar a uno más.

En noviembre 2012 se canceló por primera vez en su historia el maratón de Nueva York; en diciembre de ese año corrí mi primeros 42.195 kilómetros y ante la pobre experiencia, opté por correr cuanto antes otro maratón para sacarme la espina.

En junio de 2013 crucé la meta del maratón de San Diego y seis meses después el reto sería en Monterrey. En el “receso” entre San Diego y Monterrey logré inscribirme a los 42 kilómetros de Big Sur 2014. La calentura de los maratones estaba a tope.

En Monterrey, Nuevo León, bajé por primera las cuatro horas en la distancia, logro que repetiría cuatro meses después en Monterey, California.

Las metas de 2014 eran correr Big Sur y Chicago, sin embargo, el salir en el sorteo del maratón de Nueva York me hizo inmediatamente pensar en ajustar los planes: correr tres maratones en el año, los últimos dos con diferencia de tres semanas.

El ritmo de entrenamiento no bajó, seguí preparándome para llegar en buena forma a Chicago, el 12 de octubre. En el programa estaba correr el medio maratón de la Ciudad de México, en junio, y luego hacer distancia el 31 de agosto en el maratón capitalino.

Agosto fue un mes clave y quizá en el que mi cuerpo se quejó de la carga de entrenamiento. A mediados de ese mes viajé a Sonora para reunirme con mis amigos de la prepa y jugar un partido de beisbol. El cambio de ejercicio y el jugar varios partidos en un mes hicieron que el rendimiento bajara en las carreras y empezara a sentir una severa fatiga.

Tanto el medio como el maratón de la Ciudad de México, ambas rutas que hice como preparación, representaron un verdadero sufrimiento, al grado de pensar por primera vez en abandonar una carrera.

En ambos casos terminé sólo porque el punto de reunión con Vero era en la meta para después irnos al hotel; el cansancio físico y mental eran los principales síntomas. Cuando la cabeza está débil, cualquier pretexto es suficiente para pensar en renunciar.

Durante los 32 kilómetros que corrí el día del maratón, experimenté síntomas de deshidratación y la coca cola que me ofrecieron en el recorrido significó una bomba para el estómago. Aprendí y llegué corriendo a la meta al Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria, con mi cámara en mano.

Después de esa carrera en la ciudad de México decidí parar y dejar que el cuerpo se recuperara. Faltaban escasas seis semanas para el maratón de Chicago y me importaba poco si lo corría o no. No estaba bien.

Dos años y cuatro maratones después

La notificación tras ganar la inscripción.
La notificación tras ganar la inscripción.

Miércoles 26 de marzo, fecha importante para gran parte de los corredores. No me daría cuenta de ello hasta la noche de ese día.

4:30am: suena el despertador, me pongo un short, playera y tenis y salgo a los Fuertes de Loreto y Guadalupe. A 31 días del maratón de Big Sur, en California, continúa la etapa más fuerte del entrenamiento.

5:10am: Empieza el trote continuo durante una hora 51 minutos, buenos para 15.5 kilómetros de largas subidas y bajadas.

7:15am: en el estiramiento, hay quienes están a tres semanas de correr el maratón de Boston y ya planean cuál será el siguiente. Nada raro en los corredores.

El día empieza temprano y después de entrenamiento voy directo a la Central de abasto a hacer las compras para la producción del día.

La ventaja de levantarse a esa hora a entrenar es que cuando menos lo esperas ya es medio día y gran parte del trabajo está resuelto. Ha valido la pena el cambio de horario de entrenamiento en varios aspectos, aunque la mayoría de los días debo ir a la cama inmediatamente después de dejar a los niños en la suya.

14:30 horas: llego a comer a casa para inmediatamente después regresar a la oficina. El mantenimiento a las instalaciones obliga a adelantar la producción.

17:00 horas: justo a tiempo para el partido de futbol de Sebastián. Dan un buen juego y ganan 5-2 en los Octavos de Final del torneo Intercolegial. Para no variar, Sebas vuelve a dar un buen encuentro.

19:00 horas: regreso a la oficina a supervisar el trabajo del día y despedir a los trabajadores.

19:30 horas: las piernas ya pesan más de lo normal. Me recuesto en el sillón de la sala y veo en alguna red social que justo hoy, 26 de marzo, se realizó el sorteo del Maratón de Nueva York.

Recuerdo que en el transcurso del día me llegó un correo de los organizadores y que envié a la papelara sin revisar. Es común recibir promociones e información de los maratones en los que alguna vez estuviste inscrito.

Para la edición 2014 del maratón de Nueva York, 134 mil corredores se inscribieron en espera de conseguir uno de los entre 47 y 50 mil lugares que se abrirán. El miércoles 26 de marzo se realizó el sorteo y 9 mil 170 personas fuimos elegidos entre 77 mil 87 solicitudes.

Hace algunos años, quizá cuatro, me registré por primera vez a la lotería del maratón neoyorquino con la idea de salir sorteado y conseguir una inscripción, para después tomar ese registro de pretexto y empezar a correr. No fue así y tampoco empecé el ejercicio.

20:15 horas: Hugo me envía un mensaje para decirme que lo habían bateado del maratón de Nueva York, que no había conseguido el pase.

20:20 horas: voy directamente al basurero de mi correo a recuperar la notificación que te avisa si fuiste elegido o no. A diferencia de otros años, esta vez el mensaje iniciaba con una felicitación y la frase “Hector, you’re in”.

En noviembre del 2012 estuve en Nueva York el viernes previo al maratón, recogí mi número de corredor que conseguí a través de una agencia de viajes y una hora después se anunció la cancelación de la carrera a consecuencia de los daños que dejó el huracán Sandy.

En 2012 pedí el reembolso de esa inscripción y me fui a correr a otro lado; los organizadores enviaron las medallas del maratón 2012 que nunca se corrió (esos metales nunca debieron entregarse).

En 2013 el maratón volvió a las calles de Nueva York con la mayor participación en su historia. Esa vez seguí la celebración de la carrera a través de internet con la nostalgia de que podría haber estado ahí para el arranque de la carrera.

Sin darme cuenta, Nueva York estaba más en mi cabeza de lo que pensé, aunque para este año sólo pensaba correr Big Sur y Chicago.

El maratón de Nueva York debió haber sido mi primera carrera de este tipo, no fue así pero hoy ya estoy inscrito: dos años y (posiblemente) cuatro maratones después.

PARA TOMAR EN CUENTA:

Salir en el sorteo de maratón de Nueva York se reduce en gastar menos dólares para viajar y participar en esta carrera. La opción recurrente que corredores mexicanos utilizan para obtener un número es a través de una agencia de viajes, la cual, además de venderte la inscripción con un incremento de cerca del 30 por ciento de su costo, te obliga a pagar por lo menos tres noches de hospedaje en los hoteles que tienen convenio con ellos. Correr este maratón con un número garantizado significa un ahorro equivalente a lo que se pagaría por pasajes de avión para dos personas a Nueva York y una cena (con una buena botella de vino incluida). De ahí la importancia de salir en el sorteo.