Un entrenamiento sobre las nubes

En este nuevo proceso de entrenamientos para correr el maratón de Monterrey en diciembre, las sesiones de montaña han sido frecuentes y el Parque Nacional Izta-Popo el lugar elegido para poner a prueba los pulmones y el corazón.

El Popocatépetl
Un entrenamiento que rompe la rutina.

Ubicado a poco más de 20 kilómetros de Puebla, este Parque ofrece un entrenamiento que va desde los 3 mil 600 a los 4 mil metros sobre el nivel del mar, y si el visitante tiene suerte y le toca un día despejado, podrá disfrutar de la imponente imagen del volcán Popocatépetl. De tres veces que he estado ahí, en una me tocó el cielo despejado y coincidió con que por primera vez en mucho tiempo, llevé mi teléfono para tomar fotos.

Si bien el entrenar en Puebla ya implica hacer un entrenamiento de altura (poco más de 2 mil 100 metros sobre el nivel del mar), el hecho de salir de la ciudad y encontrarse en un lugar como el Parque Nacional Izta-Popo forma parte de un proceso de entrenamiento que te enfrenta a un nuevo reto (subir 400 metros en ocho kilómetros de distancia) y a la vez, la mente sale de la rutina del entrenamiento diario.

En cada uno de los entrenamientos percibí una mejora en mi rendimiento, en gran parte al trabajo constante y a la visita a este lugar. La primera vez que asistí al Izta-Popo me costó bastante hacer el recorrido programado y tuve que caminar en varias ocasiones, la segunda vez cumplí con el entrenamiento sin escalas y la tercera subí a trote y en ocasiones empujé sin problemas la bicicleta de Sebastián. El cuerpo funciona cada vez mejor. Si desean consultar información sobre los beneficios del entrenamiento de altura o algunas recomendaciones, les dejo este artículo de la revista Runners.

Este destino natural entre el estado de México y Puebla es visitado tanto por deportistas para caminar o correr, como para andar en bicicleta o practicar algún deporte en moto.

Jardín del arte: una remodelación que invita a correr

Pocos cambios y remodelaciones que las autoridades de un estado hacen en cualquier área pública pueden causar una aprobación mayoritaria como la que generó la del ahora Jardín del Arte, en Puebla.

Este espacio, que se ha convertido en uno de los más visitados por los corredores de la ciudad de Puebla, abrió sus puertas nuevamente tras poco más de dos meses en los cuales se hicieron cambios sustanciales, entre ellos la rehabilitación de sus tres pistas: la de mil 600, 900 y la de tartán de 400 metros de longitud.

Dos de las novedades: el material de las pistas y las luminarias.
Dos de las novedades: el material de las pistas y las luminarias.

Los corredores podrán ahora realizar sus rutinas sobre una superficie de polvo de arcilla en lugar de los montones de piedras -tamaño canica- con los que acostumbraban dar mantenimiento a estos dos circuitos para corredores y que convertían el entrenamiento en una combinación entre correr y patinar.

Dos de las quejas recurrentes que los visitantes hacían meses atrás sobre el entonces llamado Parque del Arte, eran la falta de iluminación y la invasión de roedores. Hoy, quienes visiten esta área verde ubicada en la zona de Angelópolis, podrán hacerlo sin el temor de pasear o ejercitarse a oscuras y sin que los ratones interrumpan el andar.

Además de las mejoras que afectan directamente en los corredores, el Jardín del arte ofrece desde este martes 23 de abril la posibilidad de que familias completas visiten este lugar, pues se instalaron dos módulos de juegos infantiles, se rehabilitaron los espacios para andar en bici, además de la posibilidad de acceder al Parque lineal a través de un paso desnivel; este parque une al Jardín del arte con la Estrella de Puebla, otras de las atracciones que el Gobierno poblano inauguró esta semana. Se construyeron además pequeñas palapas que en un futuro tendrán servicio de asador.

El Jardín del arte reúne en un solo espacio la alternativa para disfrutar una de las mejores vistas de los volcanes y ahora con el ingrediente adicional de un lugar colorido en el que resaltan el verde oscuro de los jardines con el color intenso de las pistas de tartán y de arcilla.

El ingreso se mantien sin costo y en el estacionamiento se cobran 15 pesos por auto.

Aquí algunas opiniones que usuarios del Jardín del arte hicieron a través de Twitter:

 

San Diego: el maratón donde todo cambió

 I

Esta vez todo cambió.  Seis meses después de correr el maratón de Las Vegas, ante la cancelación de la competencia de Nueva York por el huracán Sandy, los 42.195 kilómetros del recorrido por las avenidas de San Diego resultaron un trayecto de diversión, retos constantes y satisfacciones.

El cambio fue de lo más sencillo hasta los puntos críticos que se deben tomar en cuenta para una carrera de este tipo: del negro de la playera conmemorativa del maratón de Las Vegas se pasó al blanco; de los camiones que nos transportaron a la línea de salida a la limo Hummer; de la ruta por el desierto y escasos puntos de hidratación a la hospitalidad de los vecinos que salieron a las calles a vitorear a los corredores; de Las Vegas de noche a una mañana de euforia en el estacionamiento del estadio de beisbol de los Padres de San Diego, con más de 20 mil corredores que festejaron sus logros.

El día previo a la carrera.
El día previo a la carrera.

Parte de este cambio fue también el domingo previo a las carreras: una semana antes a la competencia en Las Vegas estaba en cama con 39 grados de temperatura, mientras que el domingo anterior al 2 de junio en San Diego, corrí 15 kilómetros, tal como lo marcaba el programa de entrenamiento.

Y sí, todo cambió gracias en gran parte a la experiencia previa en esta distancia. El respeto al maratón me hizo planear una carrera con el único objetivo de sentirme bien durante el trayecto y el resto del día. No era cosa menor.

 

II

Después de que sonaron tres alarmas a las cuatro de la mañana, Vero y yo estábamos listos en el lobby del hotel a las 4:30 para esperar el camión que nos llevaría al Parque Balboa para a la salida.

La primera sorpresa del día llegó justo en el estacionamiento del hotel, donde nos negaron el pase a uno de los camiones y nos mandaron, gracias a un par de boletos que nos entregaron al registrarnos dos días antes, a otro vehículo. Nos esperaba una limosina Hummer en la que al igual que nosotros, once corredores más subieron no sin antes tomarse una foto.

A las 4:50 estábamos sentados en el jardín del Parque Balboa, uno de los lugares más representativos de la ciudad. Aún no amanecía y algunos corredores aprovecharon para descansar, comer algo, entregar sus cosas en el guarda ropa o alistar sus reproductores de música.

Vero y yo nos sentamos unos minutos, tomamos algunas fotos y ubicamos los sanitarios especiales que la marca de tenis Brooks montó para quienes, en la expo, compraron productos de esa marca.

Justo esa iniciativa de Brooks fue la segunda sorpresa. Para quienes han participado en alguna carrera no es difícil ubicar los sanitarios portátiles -azules por lo general- que se instalan para los corredores, cabinas que no tienen otro objetivo más que proporcionar el servicio básico. Pues los baños de Brooks ofrecían mayor espacio, agua caliente y algunos accesorios de regalo para sus clientes, como vaselina y geles.

El servicio de traslado del hotel a la línea de salida fue en limosina.
El servicio de traslado del hotel a la línea de salida fue en limosina.

Esta opción nos permitió una segunda parada a escasos 10 minutos de ingresar al corral de salida y estar relajados antes del escopetazo inicial.

A lo largo de estos meses como corredor me ha tocado escuchar distintas versiones de quienes corren y finalizan un maratón. Las descripciones por lo general se centran en el momento en el que se cruza la meta y hay quien ha llegado a equiparar ese momento con el nacimiento de un hijo.

En mi caso y luego de dos maratones, el momento de mayor emoción es cuando ingresas al corral de salida. Esa espera de 10 ó 15 minutos al disparo de salida resume meses de preparación, de problemas de horario para entrenar, de crisis en el trabajo y de dolores en el cuerpo, que si no se hubieran superado esa espera sería imposible.

Pues bien, no había más que esperar. El momento para el que entré estaba justo frente a mí con la marca de salida del Maratón de San Diego.

 

III

La estrategia estaba planeada. Arrancaría de manera muy lenta e iría incrementando el ritmo con el paso de los kilómetros. En el papel, tenía que correr la segunda parte del maratón más rápida que la primera. El reloj se programó para indicar tiempos parciales cada 10 kilómetros.

El video que muestra las calles por donde pasará el maratón se muestra en la Expo.
El video que muestra las calles por donde pasará el maratón se muestra en la Expo.

Nos inscribimos a esta carrera, Vero y yo, con un tiempo estimado para finalizar de 4:00 horas, por lo que desde nuestro corral ubicamos sin mayor problema a los pacers o marcadores de paso que llevaban banderines de 3:55 y 4:10 horas.

Como era de esperar, al disparo de salida nos rebasó el grupo de 3:55 y nos fuimos muy cerca del de 4 horas 10, sin embargo, y a pesar de la inyección de adrenalina que significa el arranque, dejamos que se fuera el grupo de 4 horas 10, nos pareció que salió muy rápido, lo cual comprobaríamos kilómetros más adelante.

Vero y yo nos fuimos juntos, en algún momento alguien se adelantó en busca de algunos espacios, pero siempre volvimos a encontrarnos.

Salimos con un paso más rápido de lo que teníamos considerado, nos sentíamos bien. Los mismos participantes, la emoción y un trayecto plano facilitaron el buen ritmo, aunque yo preferí correr más lento y evitar a toda costa que me sucediera lo de hace seis meses en Las Vegas.

Cruzamos el centro de San Diego y casi al pasar la embajada de México sonó la primera alerta de las cuatro que había programado: 10 kilómetros en 55:53 minutos, un tiempo rápido considerando que el plan era bajar ese parcial más adelante y que mi mejor marca en esa distancia es de 50 minutos. Faltaba por recorrer poco más de 32 kilómetros.

El clima para este día no pudo ser mejor: cielo nublado y 17 grados centígrados. Del sol, ni sus luces. Pasamos el kilómetro 15 y todo iba mejor de lo planeado, nos sentíamos fuertes y el pronóstico auguraba que el paseo sería placentero.

Era el kilómetro 19 y estábamos en Mission Bay Park, un complejo habitacional frente al mar con grandes jardines y baños cada 800 metros aproximadamente. Una noticia que Vero hoy agradece.  Casi en la marca de los 20 kilómetros, Vero decidió hacer una escala para ir al sanitario, seguíamos en Mission Bay y era el momento ideal.

Para mí, esta semana significaba la número ocho de manera seguida en la que por lo menos corría una distancia de 20 kilómetros, justo el kilometraje en el que nos encontrábamos. Me sentía fuerte y con ganas de apretar el paso. Así fue. Mientras Vero aprovechó para detenerse un minuto, yo empecé a rebasar gente.

 

IV

Correr es un deporte peculiar y con diferente objetivos según cada persona. Mientras que en el beisbol el objetivo es ganar y ser el mejor, cuando se corre un maratón el atleta tiene la opción de hacer lo que le venga en gana.

En esta ocasión me tocó ver desde el joven con el tradicional disfraz de Elvis Presley -común en las carreras en Estados Unidos- hasta una persona a la que en la milla tres le entregaron un par de balones de basquetbol con los cuales recorrió el trayecto botando uno con cada mano.

Vero espera la hora de la salida en un jardín del Parque Balboa.
Vero espera la hora de la salida en un jardín del Parque Balboa.

Lo que más me llamó la atención fue la charla que sostuvieron dos mujeres jóvenes, madres de familia. La verdad es que no puse atención a lo que decían hasta que escuché a una decir: “Mucho gusto, me llamo Ana”. Dos desconocidas entre sí dejaron de serlo justo cuando corrían un maratón y decidieron que era buen momento para compartir sus historias.

Ana le dijo a su amiga lo complicado que es entrenar para un maratón. Ella reviró y le explicó que, junto con su esposo, se organizó para definir cuándo cuidaría él a los niños para así programar los horarios de sus entrenamientos.

San Diego resultó ser “un pueblo” -diría @adrixaguirre– con gente de gran calidad humana. En el trayecto no faltó quien salió de sus casas para ofrecer agua fría y dulces a los corredores, otros más sacaron las mangueras de sus casas para literalmente, dar un baño a quienes pasaron por ahí.

“Estoy orgulloso de ti, perfecto desconocido” y “Ya no eres más un corredor, eres un maratonista”, fueron dos de las cartulinas elaboradas por los vecinos de San Diego que mostraron a lo largo del camino y que hoy más recuerdo.

 

V

Después de cruzar el medio maratón los siguientes 10 kilómetros fueron una verdadera fiesta. El cronómetro no importaba en ese momento, al menos para mí. No obstante era justamente el tiempo lo que daba la nota en ese momento: el keniano Bernard Koech detuvo el crono en 58:41 minutos en el medio maratón, la mejor marca registrada este año, el medio maratón más rápido en suelo americano y la tercera mejor marca en la historia (nota y video).

Después del segundo periodo parcial de 10 kilómetros, mi reloj marcó 59:08 minutos, más de cuatro minutos respecto a la primera vuelta. Iba rumbo al kilómetro 30, el cual marca tradicionalmente el inicio de la parte más complicada de un maratón y justo el trayecto de mayor dificultad en esta carrera: una pendiente de casi dos kilómetros.

Kilómetro 30, milla 20 aproximadamente y la pendiente a la vista. Era un tramo de la carretera 163 y que a todas luces fue la parte más complicada de la ruta. Por mi parte seguía disfrutando de una de las mejores carreras de mi vida, me sentía todavía fuerte gracias a la buena combinación de agua, Gatorade, geles de sodio, azúcar… y al buen entrenamiento.

Esta subida en la ruta se caracterizó por los montones de corredores que tuvieron que caminar o de plano detenerse antes de seguir. En cambio, yo pude seguir con mi trote sin gran dificultad. ¡Gracias Zacatecas!

El clima fue uno de los factores que jugaron a favor de los corredores.
El clima fue uno de los factores que jugaron a favor de los corredores.

El reclamo tenía que llegar: “En que momento decidimos correr San Diego”, preguntó un hombre a su pareja mientras caminaban la pendiente.

Para ese entonces Vero venía detrás de mí, me veía mientras corría. Nuca supe que estaba tan cerca. Para ella la inclinación fue exigente pero subió sin mayor problema.

El tercer parcial, el kilómetro 30, bajé el tiempo respecto al lapso anterior pero nunca como el primer 10k. El reloj marcó 58:40 y faltaban poco más de 12 kilómetros para cruzar la meta.

 

VI

La recta final. Para ese entonces el “pacer” de las 4 horas y 10 minutos era historia. Más tarde Vero me confirmaría que debió abandonar carrera, un caso que solo reafirma que el maratón es cosa seria y que un mal día lo tiene hasta el más experimentado. Así como adelanté al grupo de 4:10, después del kilómetro 15 nunca alcancé al guía de 3 horas 55 minutos.

Quien diga que el tiempo es lo de menos en un maratón, créanle. Sin embargo, no conozco una persona que evite mejorar sus marcas y ser cada día más competitivo.

En mi caso, venía de una experiencia poco agradable y mi objetivo era disfrutar la carrera. Sé, lo aprendía el domingo, que disfrutar una carrera es correr cada kilómetro con paso seguro, fuerte, con la sensación que puedes dar más y estar consciente de lo que sucede a tu alrededor. Cuando pasé por los kilómetros 30 y 35 y vi que mis tiempos eran de lo mejor que había registrado en esas distancia, pasó por mi mente la idea de que podría cruzar la meta en menos de cuatro horas. Era una emoción adicional a la que ya sentía en la carrera. Preferí seguir con esa sensación. Ya habrá otras oportunidades para buscar algo más.

El estadio de los Padres de San Diego abrió sus puertas para la recuperación de los corredores.
El estadio de los Padres de San Diego abrió sus puertas para la recuperación de los corredores.

Llegamos de nueva cuenta al Parque Balboa y al salir nos esperaba la marca de los 40 kilómetros. El cuarto parcial se marcó justo en la hora.

Mi estrategia no la ejecuté como la pensé (me entretuve disfrutando el momento) los mejores 10 kilómetros fueron los primeros y el más alto fue el cuarto y último, sin embargo, los tiempos intermedios se mantuvieron y al cruzar la meta detuve el reloj en 4:08 horas, 28 minutos menos que mi tiempo en el maratón de Las Vegas.

 

VII

Esta vez todo cambió. Por primera vez al finalizar una carrera me fue imposible encontrar a Vero, a pesar de que llegó solo tres minutos detrás de mí; nos encontramos en el punto de reunión familiar y de ahí nos fuimos a las butacas del estadio de beisbol para escuchar la banda de rock que festejaba a los corredores. Comimos hot dogs y tomamos cerveza.

Todo cambió. Si corres un maratón en la mañana tendrás el resto del día y las siguientes 24 horas, por lo menos, para recordar la hazaña lograda. El dolor de las piernas reclamarán por el exceso de ejercicio realizado; al final de la jornada y del año, el esfuerzo habrá valido la pena. Correr hace seis meses en la tarde nos obligó a descansar en el hotel más temprano de lo planeado.

Hoy me queda todavía más claro que correr duele, así es y así tiene que ser para que después de cruzar la meta de un maratón se pueda experimentar esa sensación de satisfacción que pocas cosas en la vida pueden dar.

El domingo 2 de junio de 2013 corrí un maratón en el que todo cambió.

[box type=”info”] El keniano Bernard Koech se convirtió en la figura del día: marcó 58:41 minutos en el medio maratón, la mejor marca registrada este año, el medio maratón más rápido en suelo americano y la tercera mejor marca en la historia.[/box]

Parque Bicentenario, una convivencia con la naturaleza

Quien disfruta correr al aire libre, convivir con la naturaleza y alejarse por un momento de la ciudad, el Parque Bicentenario, en la ciudad de Puebla, es una alternativa.

Para correr o andar en bici, el Parque Bicentenario es una buena opción.
Para correr o andar en bici, el Parque Bicentenario es una buena opción.

Ubicado a menos de 15 kilómetros del centro de la capital poblana, el Parque Bicentenario ofrece al corredor una pista de 4 mil 6oo metros de longitud con algunas pendientes que lo obligarán a bajar el ritmo del entrenamiento; a lo largo del trayecto, el principal sonido que escuchará el visitante es el que genera el movimiento de las ramas de los árboles y el canto de los pájaros.

El Parque Bicentenario se encuentra en San Francisco Totimehuacán y desde algunas partes es posible observar la Presa de Valsequillo. La pista principal recorre el parque por toda la orilla, sin embargo, existen atajos que brindan la posibilidad de acortar la distancia total de esta reserva natural.

Tuve la oportunidad de visitar este lugar hace una semana (en sábado) y me llamó la atención encontrar sólo a cuatro o cinco corredores, quizá la lejanía y la falta de información precisa sobre cómo llegar a este lugar, sean factores para que poca gente entrene en este sitio.

El corredor encontrará distintas superficies a lo largo de su trote, la mayoría es terracería, no obstante, hay pequeños trayectos –no más de 100 metros– en los que hay cemento o pedazos de loza que se usaron, quizá, para rellenar algunos tramos de difícil acceso.

Al igual que el Paseo Atoyac, el Parque Bicentenario cuenta con área de juego para niños, por lo que es una opción para un día de campo familiar y deportivo, pues un recorrido en bicicleta es otra opción para recorrer el lugar. La entrada es gratuita, previo registro, y quienes llegan en auto podrán estacionarse sin costo alguno.


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El Parque Bicentenario es una alternativa recomendable y atractiva para corredores que vale la pena conocer y ya será cada persona y entrenador quienes decidan cómo aprovechar este sitio en una rutina de entrenamiento.

[box type=”info”] Para llegar al Parque Bicentenario tomar con dirección a Valsequillo o al zoológico Africam Safari, al pasar el centro de San Francisco Totimehuacán, ubicar la calle 5 sur y dar vuelta a la derecha. Recorrer aproximadamente 3 kilómetros hasta encontrar el Parque de lado derecho. [/box]