Berlín: la meta de los tres maratones en 11 meses

El maratón Berlín 2017 puede catalogarse como la culminación de una serie de tres carreras de 42 kilómetros en 11 meses.

La travesía empezó el 23 de octubre de 2016 en Venecia y pretendía seguir 11 meses después en Berlín, donde la mayoría de los corredores buscan y consiguen sus mejores resultados por la amabilidad del recorrido.

Sin embargo, el periplo hizo una escala en Los Ángeles el 19 de marzo gracias al reto de Rolando para correr el maratón de esa ciudad. La invitación influyó en el entrenamiento y metas que se habían establecido para el 24 de septiembre del 2017 en la capital alemana.

No era la primera vez que buscaría correr esa cantidad de maratones en menos de un año. La primera vez que lo intenté fue por razones circunstanciales y sorpresivas, pues cuando en la planeación decidí correr Big sur y Chicago en el 2014, el sorteo del maratón de Nueva York me favoreció y quedé inscrito en tres maratones al mismo tiempo.

Ese año mi cuerpo dijo que no y Chicago quedó en la lista de los maratones que completaré algún día. O quizás no.

El 19 de septiembre de 2017

Es medio día, en casi tres horas debemos subir un camión para ir al aeropuerto de la Ciudad de México. Faltan resolver algunos detalles antes de salir rumbo a Europa a un viaje que se prolongará 18 días.

Estoy en la sala de mi casa y siento los primeros movimientos del terremoto del martes 19 de septiembre. La sacudida es notoria, tomo del collar a mi perra Simona, me encamino a la salida y le grito a Vero, la veo bajar las escaleras.

Cuando nos colocamos justo a media calle, de frente a la casa, vemos como se menean los carros, como si tuvieran vida propia y quisieran quedar fuera del alcance del techo de la cochera.

Pasan algunos segundos y parece que el movimiento cede. Fue solo una percepción y ahora el sismo es más violento, se siente como si en lugar del asfalto, estuviéramos parados en una enorme alfombra sobre el mar. 

Se escuchan gritos de pánico de algunos vecinos, otros más salen de sus casas.

Termina el movimiento y de inmediato intento descubrir algún posible daño en mi casa y en la de los vecinos. No hay daño aparente. Corro por mi celular para enviar mensajes por whatsapp e intentar saber si la familia está bien. Vero recibe un mensaje de un padre de familia para reportar que en la escuela todo está bien. El susto aparte.   

Manejo a la Ciudad e México para descubrir que nuestro vuelo está cancelado pero hay opciones para salir ese mismo día.

En el camino a la Ciudad de México cuestiono a Vero en qué momento debemos considerar cancelar el viaje al extranjero. Aún no, debemos seguir, yo mismo respondo.

Ese martes 19 de septiembre decidimos viajar y después de cambios en el itinerario, llegamos a Berlín, tres horas más tarde de lo planeado.

El entrenamiento para Berlín

La preparación para el maratón de Berlín, el noveno para mí y octavo para Vero, fue más complicada que para otras carreras: los kilómetros acumulados en las piernas y en cansancio mental fueron dos obstáculos decisivos.

El 2017 empezó para mí con malestar en la fascia del pie derecho al grado de tener que infiltrarlo para reducir el dolor. La inyección y terapia por más de un mes me permitieron retomar el entrenamiento para el maratón de Los Ángeles.

Después de la carrera de marzo en California, el dolor en la fascia regresó y empecé con trabajo de fuerza funcional. Después de cinco semanas el cuerpo reaccionó, logré reducir porcentaje de grasa y aumentar el porcentaje de masa corporal. Algo que en su momento festejamos Julia, la nutrióloga, César, el entrenador y yo. Vero también.

Un mes antes de Berlín y después de un fin de semana de cerca de 35 kilómetros, me tocó correr en pista 14 repeticiones de 400 metros. Todo iba según lo estimado con ritmos aceptables y sin dolores, hasta la vuelta once.

Justo cuando faltaban tres vueltas para terminar el entrenamiento del día, sentí dolor entre el tobillo y el tendón. No le di mucha importancia porque no sentí que algo se hubiera roto ni tampoco había señales de desgarre. Seguí con el entreno, terminé y cuando me disponía a trotar para empezar a enfriar, ya no pude seguir.

Desde ese día hasta la semana previa al maratón, el entrenamiento se centró en natación, trote en alberca y trabajo de fuerza funcional. Empecé a trotar nuevamente siete días antes del que sería mi segundo maratón de los denominados Majors.

Capital mundial

Berlín me impactó. Una capital mundial que carga con una serie de acontecimientos de dolor, sufrimiento y represión. Sus calles y monumentos recuerdan hasta a los turistas más despistados los episodios oscuros de su historia reciente.

Llegar a una ciudad como esta no implicó buscar, como en otras ocasiones, historias de corredores locales para involucrarme en las rutinas locales, llegar a Berlín significó regresar a los libros de historia. Este detalle convirtió el viaje en uno de los más ricos, culturalmente hablando.

Estuvimos en Berlín cuatro días antes de la carrera y teníamos al enigmático parque Tiergarten a un par de cuadras del hotel para hacer trotes de media hora cada mañana. 

Ese mismo Tiergarten que en épocas hitlerianas servía para que diplomáticos y políticos pasearan mientras sostenían conversaciones de estado para evitar a los espías y en el que hoy se puede observar a la legión africana entrenar, previo al maratón más rápido del mundo.

En estos trotes el objetivo era probar el tendón de Aquiles y sentir si había dolor. La molestia era ligera.

El maratón

La cita para el calentamiento fue justo en la entrada de la embajada de Estados Unidos, frente al monumento a los Judíos asesinados en Europa. Miriam, Mario, Vero y yo calentamos en ese lugar y nos encaminamos a los corrales sobre las 9:10 de la mañana.

Para tomar la salida del maratón se debe ubicar la Puerta de Brandenburgo, del lado derecho está la avenida Unter den Linden, una de las principales de la ciudad y del lado izquierdo al final, se observa la Columna de la Victoria, un monumento muy parecido al Ángel de la Independencia de la Ciudad de México.

Los casi 60 mil corredores separados por distintos bloques de salida y pantallas gigantes que mostraban videos con mensajes de bienvenida y apoyo a los atletas en distintos idiomas, hicieron que los minutos previos al arranque se fueran rápido.

La lluvia iba a llegar, era inminente, la duda era qué tan pronto en la carrera aparecería. Salimos puntuales Vero y yo. Los otros integrantes del equipo Simoni, Mario, Miriam, Clarita, Abraham y Jazmín iniciaron desde otros corrales. 

Mi meta para este maratón cambió varias veces. Lo que inició con intentar el mejor maratón de los que he corrido, terminó un día antes con el deseo de poder completar la ruta y recoger mi medalla. Para colmo, tuve un problema estomacal el día previo.

Pasamos la marca del kilómetro 5 y empezó a llover, una llovizna que me pareció refrescante y que no significó mayor problema para mí. Sin embargo, había llovido más fuerte en otras partes del recorrido y en algunas calles había charcos que incomodaron el paso de los corredores.

Mientras que en el primer maratón de esta trilogía (Venecia) corría en espera de llegar al kilómetro 30 para cerrar más fuerte y que en Los Ángeles, me sentía a cada kilómetro más fuerte y rápido en Berlín nunca pude experimentar esa fortaleza.

De cualquier forma, mantuve un paso constante: pasé los primeros 10k en 57 minutos, igual que los segundos. 

Después del kilómetro 20 dejé atrás a Vero, sin embargo, no corrí más rápido, pues del kilómetro 20 al 30 volví a marcar 57 minutos. Mantuve el ritmo los primeros 30 kilómetros del maratón y faltaban lo mejor o lo peor.

Me quedó claro porqué que el maratón de Berlín es el más rápido de los Majors. Hay momentos en este trayecto que cuando piensas que tus piernas no darán más, aparecen largas avenidas con ligera pendiente hacia abajo que te hacen correr hasta más rápido. Eso a la mente le cae muy bien.

Sentí cansancio y el cuarto parcial de 10 kilómetros marqué una hora exacta. Faltaban menos de dos kilómetros y estaba frente a la catedral francesa y el Korzenthaus de Berlín, un lugar difícil de olvidar. 

Complicado de olvidar por la belleza de este sitio y porque justo en ese momento veo de reojo que Vero estaba a mi lado. No me había visto, estaba más preocupada de que no se le cayera el número que ya se le había despegado de la playera. Me vio hasta que le pegué un grito. Nos sorprendimos por el encuentro casual y nos animamos a seguir fuerte hasta cruzar la meta.

Sería el primer maratón en el que cruzaríamos la meta juntos. Pasamos debajo de la Puerta de Brandenburgo atentos a encontrar a Roberto y Marilupe, nuestros compañeros viajeros.

Para ese entonces ya estábamos en el kilómetro 42 y la inercia, además de la emoción, nos llevarían a la meta.

Vimos a Roberto y Marilupe, nos tomaron fotos, videos y ahí empezó el festejo. Cruzamos la meta Vero y yo en 4 horas 12 minutos y 20 segundos. Ni más ni menos.

Los tres maratones en 11 meses se lograron y a un nivel aceptable: a nuestro nivel, a paso seguro. Los Ángeles, el segundo, fue el más rápido para los dos.

Hoy estamos de regreso en México, en Puebla. El país y la ciudad que dejamos en medio del caos y confusión y que hoy debemos hacer que sea un mejor lugar de lo que era antes del 19 de septiembre.

Correr puede llevarte a las Grandes Ligas

Evito hacer invitaciones a familiares o amigos para que corran.

Esta actividad no es para todos y además, después de un buen tiempo en ella, el cuerpo te reclama con fuertes dolores de piernas. Quien desee correr, debe asegurarse que tiene las condiciones físicas mínimas necesarias para hacerlo y más aquellos quienes nunca han hecho deporte.

Si bien correr es una de las actividades físicas más fáciles de realizar por el hecho de que solo necesitas un par de tenis para empezar, porque es un deporte que puedes experimentar casi en cualquier espacio (hasta en una caminadora), donde el clima no es factor que te impida entrenar y en el que tampoco necesitas compañeros para practicarlo, correr no es para todos: algunos incluso no toleran trotar sin parar por un lapso de media hora o menos.

Sin embargo, a nadie le quito la intención, por pequeña que sea, de empezar a correr e inscribirse en pruebas de 5, 10, 21 o el maratón mismo. Este deporte es uno de los pocos que permite a la persona jugar (correr) en las Grandes Ligas: requiere de una disciplina igual o más estricta que un atleta de alto rendimiento (cuando menos te das cuenta ya entrenas todos los días a las 6 de la mañana, sigues una rigurosa dieta para quitarte de encima el sobre peso que tienes y las visitas al gimnasio se vuelven cada vez más frecuentes).

Correr en Grandes Ligas lo puedes hacer sin ser un atleta élite. ¿En qué otro deporte puedes participar en el mismo evento en el que se registró un récord del mundo? No en muchos. Sin ser profesional, un maratonista amateur, si así lo quiere, puede participar los seis Majors del maratón: (Tokyo, Londres, Boston, Berlín, Chicago y Berlín).

Con el paso de los entrenamientos y competencias me ha quedado claro que mas que intentar convencer a alguien de empezar a correr, prefiero persuadirlos de que escriban su experiencia después de correr un maratón, ahí es donde realmente la persona se dará cuenta de la hazaña que consiguió.

Foto: La llegada del maratón de Nueva York 2014. (Credit: Courtesy NYRR)