¿Qué tanto puede un corredor mejorar su tiempo en el maratón?

Quien diga que mejorar su propio tiempo en el maratón carece de importancia, es porque nunca ha competido.

Terminar la carrera, entrenar por el hecho de llevar una disciplina, mantenerse sano, o bien, finalizar los 42 kilómetros para que en la tarde de ese día se pueda disfrutar de una buena cena, son metas legítimas para cualquier persona, pero cruzar la meta y ver que el reloj indica un menor tiempo al de nuestro maratón anterior, es la mejor satisfacción.

Maratón Monterrey: cuando eres capaz de acelerar

El maratón Monterrey 2013 empezó realmente en el kilómetro 23.

La recomendación de mi entrenador para la que fue mi tercera carrera de 42.195 kilómetros fue dividir el maratón en dos carreras de 21 kilómetros, empezar a un ritmo tranquilo y guardar energía, evaluar cómo estaba físicamente al cruzar la mitad de recorrido y acelerar. Un vez más intentaría correr con parciales negativos: el segundo medio maratón más rápido que el primero.

Los regiomontanos salieron a las calles a apoyar a los corredores.
Los regiomontanos salieron a las calles a apoyar a los corredores. (Foto: Maratón Monterrey)

Cruce la señal que marcaba el kilómetro 22 y sentí un dolor en la parte exterior del muslo izquierdo. Una molestia nueva o que al menos no recordaba tener. La primera parte de la ruta de Monterrey es una ligera pendiente que tarde o temprano te cobra factura. Pues bien, hasta ese momento había cumplido con las recomendaciones, sólo faltaba acelerar.

En junio pasado, en el maratón de San Diego, recuerdo lo bien que me sentía cuando analizaba si subir el ritmo y arriesgarme a sufrir las consecuencias de la experiencia previa o quedarme a disfrutar la carrera y sostener el paso… ya vendría otro maratón, pensaba. Hace seis meses opté por mantener el paso y aún así bajé por más de 26 minutos mi tiempo.

El 8 de diciembre, en Monterrey, cuando analizaba cómo me sentía, ya había cruzado los primeros 10 kilómetros en 57.18 minutos y los segundos 10 en 57.14 minutos. En ese trayecto perdí la cuenta de cuánta gente me rebasó. Cientos de corredores me superaban mientras hacía un esfuerzo por mantener el mismo ritmo, no quería acelerar de más y luego pagar las consecuencias. En ese lapso vi pasar al pacer de 4 horas 30; al de 4:15, al de 3:50 y 3:45 y volví a comprobar lo arriesgado que puede resultar pegarse a estos marcadores de paso y ceder la estrategia de tu carrera a alguien más. Nadie como nosotros mismos para saber el entrenamiento que hicimos, nuestras fuerzas y debilidades.

Al cruzar el kilómetro 21, rebasé a más de un pacer que apenas trotaba.

Probé un tatuaje que te ayuda a comparar tiempos parciales con tus objetivos.
Probé un tatuaje que te ayuda a comparar tiempos parciales con tus objetivos.

No me había respondido si estaba bien y listo para acelerar cuando ya había subido de manera considerable el ritmo de carrera. Llegó el kilómetro 30 y mi tercer tiempo parcial de 10k fue 55.44 minutos. Por primera vez supe lo que era correr con parciales negativos. Reconozco que me sorprendí al ver que había corrido casi dos minutos más rápido el tercer 10k y aún me sentía fuerte para los últimos 12.195 kilómetros. Aproveché que la altimetría de esta parte del maratón se volvió amigable con el corredor y empecé a rebasar montones de gente.

En los maratones descubres nuevas experiencias y para mí, son tres momentos los que más valen la pena y que se pueden comparar con pegar un jonrón ganador en un juego de beisbol. Estos instantes transcurren de manera cronológica y el primero es: esperar el disparo de salida en el corral; el segundo, estar en los kilómetros treintas y sentir que puedes correr más rápido y el tercero, cruzar la meta. Estos tres puntos van de la mano y difícilmente se puede llegar al número tres sin el compromiso responsable de prepararse para ello. Llevo tres maratones y sólo en dos de ellos se dieron estos tres momentos. En Las Vegas esto no sucedió.

Llegué al kilómetro 40, ubicado en Parque Fundidora. Mi cuarto parcial fue de 54.21 minutos y el objetivo de bajar por primera vez las cuatro horas estaba muy cerca. La tan mencionada estrategia de parciales negativos se volvió una realidad y sólo faltaba cruzar a la meta. La adrenalina estaba a tope y ni cuenta me di que gran parte del recorrido en el tradicional parque regio consistía en subidas y bajadas. El parque le hizo honor a su nombre y se volvió una verdadera fundidora de piernas para los maratonista.

Crucé la meta y paré mi reloj en 3:58.22, por primera vez en menos de cuatro horas y por primera vez, también, con Vero y los niños en las gradas. Es el primer maratón que corro sin Vero, quien decidió tomarse unos meses de descanso.

Tres atletas en la Expo.
Tres atletas en la Expo.

Monterrey se portó muy bien. Los organizadores armaron una gran carrera los meses previos y agotaron los cuatro mil lugares en tiempo récord; en la Expo participaron con charlas para los corredores; en la noche previa ofrecieron una cena-baile de carbohidratos que incluyó al Grupo La Sonora Dinamita; el día del maratón abrieron un espacio infantil con una carrera de 4.2 kilómetros; el comité organizador no sucumbió a la tentación de abrir más lugares para inscripciones o bien, a organizar carreras de 5, 10 o medio maratón, un punto al que otras ciudades, como Puebla y Querétaro, no se pudieron resistir y complicaron el día; los regiomontanos salieron en gran número a las calles y hasta el clima cerró filas con los deportistas y organizadores al registrar temperaturas entre 3 y 9 grados centígrados durante el maratón.

Mención especial merece el espacio que se abrió para invitar a los participantes a convertirse en Corredores de Valor y conseguir recursos económicos para cinco diferentes instituciones. En mi caso vendí mis kilómetros para la Asociación Regiomontana de Niños Autistas (ARENA), la cual contó aportaciones récord de los más de 80 corredores que nos sumamos a esa causa.