Correr un maratón y grabar video, las imágenes de Buenos Aires

Los últimos tres maratones que he corrido lo he hecho con una cámara de video en la mano.

La primera vez parecía una obligación llevar para el trayecto de los 42.195 kilómetros una cámara de foto o video, o ambas, pues los paisajes panorámicos de Big Sur, entre las montañas y el océano, lo ameritaba.

Los organizadores de Big Sur sugieren a los corredores olvidarse de intentar mejorar sus tiempos en esta carrera, por lo complicado de la ruta y mejor llevar una cámara para captar la belleza de esta zona californiana. De ahí surgió el post: “En Big Sur el tiempo puede esperar”.

La segunda vez, en Nueva York, arranqué con la cámara luego de grabar algunos detalles en los corrales, previo al escopetazo de salida. Esa vez la idea era capturar aspectos de los primeros 21 kilómetros y luego entregar la cámara y el bastón a alguno de mis familiares que debí encontrar a lo largo del recorrido. Nunca los vi y tuve que llevar la cámara ya sin batería hasta la meta.

El traslado del hotel a Staten Island en ferry, la espera al disparo de salida y ver la cantidad de ropa que los corredores donan en este maratón, quedaron grabados.

En Nueva York y Big Sur llevé, además de la cámara de video Sony Action Cam, el celular para tomar algunas fotos. No recomiendo cargar estos gadgets durante un maratón, pues es complicado llevarlos, cuidarlos y a veces la energía no da para correr, grabar o tomar fotos al mismo tiempo. Yo lo volveré a hacer.

Les dejo algunos aspectos del maratón de Buenos Aires, que en resumen es una competencia de primer nivel (selectivo olímpico para los locales), con un recorrido que lleva al corredor por los principales destinos turísticos y para quien busque mejorar su marca personal, este maratón es ideal para buscarlo.

 

Dos trayectos de entrenamiento por Nueva York

He podido estar varias veces en Nueva York por distintas razones. La última de ellas quedó marcada por la incorporación de la rutina de entrenamiento para un maratón al itinerario de viaje.

Cuando integras la carrera a tu rutina diaria empiezas a organizarte para entrenar en cualquier lugar donde estés. Puede ser que sin darte cuenta, incluyas un par de shorts y unos tenis entre tu ropa para el periplo. En caso de no hacerlo, Nueva York te obligará a conseguir unos tenis y salir a correr.

En este último viaje de cuatro días pude correr en dos lugares que recomiendo: Central Park y la ribera del Hudson, el emblemático río que divide a Nueva Jersey de Nueva York.

Cuando vas a Nueva York debes hacer lo posible para hospedarte en algún hotel de Manhattan, aunque resultará más caro que hacerlo en Queens o en Brooklyn, vale la pena. Una opción que utilizo para conseguir hospedaje a precios más baratos que los que ofrecen regularmente los sitios de los hoteles es Hotwire.

En este portal puedes seleccionar la zona en la que deseas hospedarte y, sin mostrarte el nombre del hotel, te proporciona alternativas que resultan ser muy buenas. Una vez que pagas, te llega por correo el nombre del lugar donde te alojarás. Para los maratones de Chicago y Nueva York el año pasado, el hospedaje lo conseguí por este medio.

Correr en Central Park es una experiencia que eleva el nivel de adrenalina. Este lugar es donde se ubica la meta del maratón de Nueva York y en el que difícilmente podrás correr una distancia mayor a 5 kilómetros si visitas la ciudad para participar en el maratón.

Es un lugar turístico que se debe visitar y en el caso de quienes corremos, lo mejor es conocerlo a trote. En el 2012, cuando se suponía que correría el maratón (el cual fue cancelado a causa del huracán Sandy) hice un trayecto de 15 kilómetros por este parque. Este año troté 12 kilómetros, entre ellos un par de repeticiones de 2k en la laguna central del parque.

La ventaja de hospedarte en Manhattan es que puedes llegar a pie a Central Park o a la ribera del Hudson. Así lo hice.

Salí del hotel en la calle 44 rumbo al río y tomé con dirección al centro de la ciudad, que ofrece una vista inmejorable con Nueva Jersey del lado derecho y al fondo, el One World Trade Center, el nuevo edificio que se construyó para reemplazar las Torres gemelas y que está entre los 10 rascacielos más altos del mundo.

Cuando sales a correr en ciudades como Nueva York es necesario que midas por tiempo o por kilómetros lo que te alejas de tu hotel, pues la adrenalina puede hacer que llegues más lejos de lo que tenías pensado. Por ello no salgas a correr sin dinero, nunca sabes si tendrás que tomar el metro de regreso.

Este recorrido por los puentes de Brooklyn y Manhattan, son buena alternativa para hacerlos a trote.
Este recorrido por los puentes de Brooklyn y Manhattan, es buena alternativa para hacerlo a trote.

Un tercer recorrido que no hice por lo lejos que me quedaba de mi hotel, es cruzar el puente de Brooklyn a trote para después regresar por el puente Manhattan. Este trayecto entre estructuras metálicas lo hice a pie y me quedé con las ganas de regresar a correrlo.

Dos trayectos por la ciudad de Nueva York como entrenamiento para el maratón de Buenos Aires sólo fueron superados por la experiencia de hacer este viaje con Sebastián.

La medalla que nunca debió salir del anaquel

Las medallas del maratón de Nueva York 2012 se entregaron a los corredores inscritos.
Las medallas del maratón de Nueva York 2012 se entregaron a los corredores inscritos.

Es una de las medallas más bonitas que he recibido, sin duda.

Su tamaño cubre la palma de mi mano, de fondo, los rascacielos de la ciudad de Nueva York; el Empire State del lado derecho, símbolo inequívoco de que se trata de esa ciudad. En primer plano, un corredor atraviesa la ciudad y bajo él, destaca el número 2012.

En toda su circunferencia se lee: “The ING New York City Marathon. New York Runners”. La cara posterior de la presea tiene plasamada el logotipo del New York Road Runners, los organizadores de la carrera; los casilleros “Finisher” y “Time” ocupan la parte central; la leyenda “Run for life” y la fecha 11.04.12 completan la información de esta recompensa para quienes se inscribieron en el Maratón de Nueva York 2012.

Una medalla perfecta que se fabricó con el fin de ser entregada a los participantes de uno de los maratones más famosos del mundo en su edición del 2012. Sin embargo, el Huracán Sandy golpeó fuerte a la ciudad y el desfile deportivo se canceló por primera vez desde que fue creado en 1970.

Así como es el trofeo mejor logrado que he visto como corredor, también creo que es la recompensa que jamás debió haber salido de las oficinas de los organizadores. Si bien la medalla sería el galardón a un año de trabajo, de disciplina en las pistas y en la mesa (el nutriólogo lo sabe), de limitaciones en la vida social y más, el metal que cuelga de un listón naranja es un premio a un logro que jamás se consiguió: cruzar la meta del trayecto de poco más de 42 kilómetros.

Para quienes gustan de deportes como el beisbol, la entrega de esta medalla es el equivalente a esas gorras y playeras que se hacen en un partido final de Serie Mundial, en el que cualquier equipo puede coronarse y se fabrican souvenirs que muestran a ambas novenas como campeonas, no obstante, sólo una versión de esos recuerdos saldrá a la venta de manera inmediata, mientras que la otra, la del equipo perdedor, se irá a la basura.

El foro del maratón de Nueva York en Facebook recibió un sinnúmero de comentarios al respecto, en los cuales algunos corredores aseguraban que el 4 de noviembre del 2012 corrieron lo equivalente a un maratón en Central Park, por lo que pedían a los organizadores que les enviaran sus medallas. Al respecto y como ha sido a lo largo de los meses previos al maratón, los organizadores han evitado pronunciarse de manera precisa al respecto.

Otras competencias en Estados Unidos, como el maratón de San Francisco por ejemplo, aclaran en sus convocatorias que el galardón sólo se entregará a aquellos corredores que crucen la meta. No basta con inscribirse para ser merecedores de una presea de maratonista. Como dicen los americanos: it is what it is.

Para mí, la medalla del Maratón de Nueva York tiene un gran valor porque llegué al día de la cita listo para el reto; con la preparación necesaria para cubrir la ruta con una sonrisa en el rostro y una cámara fotográfica en la mano; alcancé condiciones para poder finalizar la carrera y disfrutar del resto del día sin mayores dolores o algún síntoma de cansancio extremo. Eso significa, pero no necesito tener esta distinción en la mano para que valga.

Como deportista, considero que esta insignia nunca debió haber salido de los anaqueles de los organizadores. Al igual que el maratón, la entrega de las medallas debió cancelarse y guardarse para otra ocasión. Así de sencillo.