Corro… y ya

Es simple, corro por disciplina.

Disfruto más el régimen al que debo alinearme cada vez que decido correr un maratón, elegir a qué carrera inscribirme, organizar el viaje a la ciudad donde trotaré y al final, contar la historia que viví.

A principios de 2012 decidí que correría ese mismo año el maratón de Nueva York. Me preparé disciplinadamente para cumplir la meta, sin embargo, un desastre natural canceló por primera vez en años el maratón más grande del mundo.

Ese año corrí mi primera competencia de 42.195 kilómetros, pero no fue en el lugar que quería. Al cruzar esa meta llegó la adrenalina y con ella nuevos objetivos: correr más maratones y crear un blog para contar las historias de un beisbolista convertido en corredor.

El 2 de noviembre pasados, dos años, cuatro maratones después y casi por casualidad, corrí Nueva York.

Dos años y cuatro maratones después

La notificación tras ganar la inscripción.
La notificación tras ganar la inscripción.

Miércoles 26 de marzo, fecha importante para gran parte de los corredores. No me daría cuenta de ello hasta la noche de ese día.

4:30am: suena el despertador, me pongo un short, playera y tenis y salgo a los Fuertes de Loreto y Guadalupe. A 31 días del maratón de Big Sur, en California, continúa la etapa más fuerte del entrenamiento.

5:10am: Empieza el trote continuo durante una hora 51 minutos, buenos para 15.5 kilómetros de largas subidas y bajadas.

7:15am: en el estiramiento, hay quienes están a tres semanas de correr el maratón de Boston y ya planean cuál será el siguiente. Nada raro en los corredores.

El día empieza temprano y después de entrenamiento voy directo a la Central de abasto a hacer las compras para la producción del día.

La ventaja de levantarse a esa hora a entrenar es que cuando menos lo esperas ya es medio día y gran parte del trabajo está resuelto. Ha valido la pena el cambio de horario de entrenamiento en varios aspectos, aunque la mayoría de los días debo ir a la cama inmediatamente después de dejar a los niños en la suya.

14:30 horas: llego a comer a casa para inmediatamente después regresar a la oficina. El mantenimiento a las instalaciones obliga a adelantar la producción.

17:00 horas: justo a tiempo para el partido de futbol de Sebastián. Dan un buen juego y ganan 5-2 en los Octavos de Final del torneo Intercolegial. Para no variar, Sebas vuelve a dar un buen encuentro.

19:00 horas: regreso a la oficina a supervisar el trabajo del día y despedir a los trabajadores.

19:30 horas: las piernas ya pesan más de lo normal. Me recuesto en el sillón de la sala y veo en alguna red social que justo hoy, 26 de marzo, se realizó el sorteo del Maratón de Nueva York.

Recuerdo que en el transcurso del día me llegó un correo de los organizadores y que envié a la papelara sin revisar. Es común recibir promociones e información de los maratones en los que alguna vez estuviste inscrito.

Para la edición 2014 del maratón de Nueva York, 134 mil corredores se inscribieron en espera de conseguir uno de los entre 47 y 50 mil lugares que se abrirán. El miércoles 26 de marzo se realizó el sorteo y 9 mil 170 personas fuimos elegidos entre 77 mil 87 solicitudes.

Hace algunos años, quizá cuatro, me registré por primera vez a la lotería del maratón neoyorquino con la idea de salir sorteado y conseguir una inscripción, para después tomar ese registro de pretexto y empezar a correr. No fue así y tampoco empecé el ejercicio.

20:15 horas: Hugo me envía un mensaje para decirme que lo habían bateado del maratón de Nueva York, que no había conseguido el pase.

20:20 horas: voy directamente al basurero de mi correo a recuperar la notificación que te avisa si fuiste elegido o no. A diferencia de otros años, esta vez el mensaje iniciaba con una felicitación y la frase “Hector, you’re in”.

En noviembre del 2012 estuve en Nueva York el viernes previo al maratón, recogí mi número de corredor que conseguí a través de una agencia de viajes y una hora después se anunció la cancelación de la carrera a consecuencia de los daños que dejó el huracán Sandy.

En 2012 pedí el reembolso de esa inscripción y me fui a correr a otro lado; los organizadores enviaron las medallas del maratón 2012 que nunca se corrió (esos metales nunca debieron entregarse).

En 2013 el maratón volvió a las calles de Nueva York con la mayor participación en su historia. Esa vez seguí la celebración de la carrera a través de internet con la nostalgia de que podría haber estado ahí para el arranque de la carrera.

Sin darme cuenta, Nueva York estaba más en mi cabeza de lo que pensé, aunque para este año sólo pensaba correr Big Sur y Chicago.

El maratón de Nueva York debió haber sido mi primera carrera de este tipo, no fue así pero hoy ya estoy inscrito: dos años y (posiblemente) cuatro maratones después.

PARA TOMAR EN CUENTA:

Salir en el sorteo de maratón de Nueva York se reduce en gastar menos dólares para viajar y participar en esta carrera. La opción recurrente que corredores mexicanos utilizan para obtener un número es a través de una agencia de viajes, la cual, además de venderte la inscripción con un incremento de cerca del 30 por ciento de su costo, te obliga a pagar por lo menos tres noches de hospedaje en los hoteles que tienen convenio con ellos. Correr este maratón con un número garantizado significa un ahorro equivalente a lo que se pagaría por pasajes de avión para dos personas a Nueva York y una cena (con una buena botella de vino incluida). De ahí la importancia de salir en el sorteo.

Nueva York: a un año del maratón que nunca fue

Hace exactamente un año debí correr mi primer maratón, al menos así estaba planeado.

Sin embargo la naturaleza dijo otra cosa: el huracán Sandy golpeó de manera devastadora la ciudad del Nueva York y el maratón se canceló. Estaba claro que ante la desgracia de miles de neoyorquinos que se quedaron sin casa y que en ese momento luchaban por levantar su vecindario, la sola intención de celebrar la tradicional carrera resultaba una agresión más para la comunidad Staten Island, la zona con mayores daños y desde donde se da la salida.

En la planeación de esa carrera decidimos viajar el jueves previo a Nueva York. A pesar de los daños en la ciudad, las autoridades del gobierno local, así como los organizadores del maratón habían confirmado la realización de la prueba de 42 kilómetros por los cinco municipios: Staten Island, Brooklyn, Queens, el Bronx y Manhattan.

La meta
En el 2012 ningún corredor cruzó la meta del maratón de Nueva York

Recuerdo que fuimos a la expo el viernes a media mañana. Recogimos el número y chip, nos tomamos fotos en los murales alusivos a la carrera, recorrimos las tiendas de ropa deportiva, pasamos al área en la que se muestra en video el trayecto de los 42 kilómetros narrado por un especialista. Los asistentes escuchamos atentos.

Salimos de la expo y nos dirigimos a Times Square para dar un paseo. La idea era hacer un pequeño recorrido, tomar el turibús y evitar cansar las piernas con alguna caminata. Entramos a una tienda para comprar algún souvenir y ahí nos llevamos la sorpresa. El presentador del noticiero que sintonizaban a esa hora estaba mandando a corte con la noticia de la cancelación del maratón.

Esperé que pasaran los comerciales con el deseo que hubiera escuchado mal la noticia y que se tratara de un mal entendido. No fue así. La carrera se canceló mientras cargaba mi número de competidor en el brazo, al igual que Vero y otro grupo de tres corredores extranjeros que estaban en la tienda. Todos quedamos en shock.

Independientemente de la cancelación o no del maratón, nosotros habíamos decidido que haríamos el viaje. No obstante, hubiera resultado menos frustrante hacerlo con la seguridad de que el maratón se iba a cancelar.

Una de las situaciones que aligeraron el momento fue el integrarnos a uno de los grupos de corredores poblanos que hicieron el viaje a Nueva York. Vero y yo nos preparamos por nuestra cuenta y entrenamos cuando podíamos, la mayoría de las veces juntos pero no teníamos equipo.

El domingo 4 de noviembre de 2012, al igual que la mayoría de deportistas que llegaron a la ciudad, salimos a las calle a correr. El destino era llegar a Central Park, utilizar la energía y adrenalina que el cuerpo tenía programado consumir esa mañana. Corrimos una vuelta por afuera del parque más famoso de Nueva York antes de entrar a tomar fotos y seguir con la carrera a ritmo del Cielito lindo (ver video).

Encontramos corredores de Australia, Italia, Inglaterra y otros lugares.  La gente salió de sus casa para concentrarse en el parque y ofrecer alguna bebida o golosina a los corredores. Hubo personas que corrieron la distancia del maratón que tenían planeados en su agenda. Yo me quedé con un entrenamiento de poco más de 15 kilómetros y unas semanas después recibí la medalla que nunca debió salir del anaquel.

A un año del maratón de Nueva York que nunca fue, ya tengo en mi récord de corredor dos maratones y estoy a cinco semanas de arrancar el tercero.

Cuando regresamos a Puebla teníamos claro que no volveríamos a Nueva York para el 2013, tardamos en recuperarnos de la decepción del 2012. Hoy, desconozco dónde estaremos a finales del próximo año, lo que es un hecho es que al día de hoy, ya estamos inscritos en el sorteo del maratón de Nueva York del 2 de noviembre del 2014.

La medalla que nunca debió salir del anaquel

Las medallas del maratón de Nueva York 2012 se entregaron a los corredores inscritos.
Las medallas del maratón de Nueva York 2012 se entregaron a los corredores inscritos.

Es una de las medallas más bonitas que he recibido, sin duda.

Su tamaño cubre la palma de mi mano, de fondo, los rascacielos de la ciudad de Nueva York; el Empire State del lado derecho, símbolo inequívoco de que se trata de esa ciudad. En primer plano, un corredor atraviesa la ciudad y bajo él, destaca el número 2012.

En toda su circunferencia se lee: “The ING New York City Marathon. New York Runners”. La cara posterior de la presea tiene plasamada el logotipo del New York Road Runners, los organizadores de la carrera; los casilleros “Finisher” y “Time” ocupan la parte central; la leyenda “Run for life” y la fecha 11.04.12 completan la información de esta recompensa para quienes se inscribieron en el Maratón de Nueva York 2012.

Una medalla perfecta que se fabricó con el fin de ser entregada a los participantes de uno de los maratones más famosos del mundo en su edición del 2012. Sin embargo, el Huracán Sandy golpeó fuerte a la ciudad y el desfile deportivo se canceló por primera vez desde que fue creado en 1970.

Así como es el trofeo mejor logrado que he visto como corredor, también creo que es la recompensa que jamás debió haber salido de las oficinas de los organizadores. Si bien la medalla sería el galardón a un año de trabajo, de disciplina en las pistas y en la mesa (el nutriólogo lo sabe), de limitaciones en la vida social y más, el metal que cuelga de un listón naranja es un premio a un logro que jamás se consiguió: cruzar la meta del trayecto de poco más de 42 kilómetros.

Para quienes gustan de deportes como el beisbol, la entrega de esta medalla es el equivalente a esas gorras y playeras que se hacen en un partido final de Serie Mundial, en el que cualquier equipo puede coronarse y se fabrican souvenirs que muestran a ambas novenas como campeonas, no obstante, sólo una versión de esos recuerdos saldrá a la venta de manera inmediata, mientras que la otra, la del equipo perdedor, se irá a la basura.

El foro del maratón de Nueva York en Facebook recibió un sinnúmero de comentarios al respecto, en los cuales algunos corredores aseguraban que el 4 de noviembre del 2012 corrieron lo equivalente a un maratón en Central Park, por lo que pedían a los organizadores que les enviaran sus medallas. Al respecto y como ha sido a lo largo de los meses previos al maratón, los organizadores han evitado pronunciarse de manera precisa al respecto.

Otras competencias en Estados Unidos, como el maratón de San Francisco por ejemplo, aclaran en sus convocatorias que el galardón sólo se entregará a aquellos corredores que crucen la meta. No basta con inscribirse para ser merecedores de una presea de maratonista. Como dicen los americanos: it is what it is.

Para mí, la medalla del Maratón de Nueva York tiene un gran valor porque llegué al día de la cita listo para el reto; con la preparación necesaria para cubrir la ruta con una sonrisa en el rostro y una cámara fotográfica en la mano; alcancé condiciones para poder finalizar la carrera y disfrutar del resto del día sin mayores dolores o algún síntoma de cansancio extremo. Eso significa, pero no necesito tener esta distinción en la mano para que valga.

Como deportista, considero que esta insignia nunca debió haber salido de los anaqueles de los organizadores. Al igual que el maratón, la entrega de las medallas debió cancelarse y guardarse para otra ocasión. Así de sencillo.