San Diego, una carrera con aire ligamayorista

San Diego debe ser una escala obligada para quien disfruta de viajar y correr.

Esta ciudad fronteriza es sede del circuito de maratones y medio maratones Rock ‘n’ Roll y se corre cada año entre los meses mayo y junio.

Hace 15 días corrí mi décimo medio maratón en la ciudad donde he vivido una de las mejores experiencias al correr uno de mis cinco maratones hasta el día de hoy, aunque el recorrido de los 21 kilómetros fue menos atractivo que la ruta del maratón del 2013.

Quizá las 13.1 millas no son suficientes para salir de la ciudad y llegar a Mission Bay Dr., una avenida que recorre una zona hotelera, parques y complejos habitacionales frente algunas islas pequeñas. En cambio, el medio maratón cruza varios vecindarios y la orilla del Parque Balboa, uno de los atractivos de San Diego.

Estos son cuatro de los 10 medio maratones en los que he participado, entre ellos Veracruz 2014, donde marqué mi mejor tiempo.
Estos son cuatro de los 10 medio maratones en los que he participado, entre ellos Veracruz 2014, donde marqué mi mejor tiempo.

Me sentí bien en la carrera. Empecé con cierta precaución y preferí acelerar al cruzar el kilómetro 10. Puede correr más rápido la segunda parte del recorrido, lo que me da confianza de que el entrenamiento para el maratón de Buenos Aires en octubre va bien. A paso seguro.

Lo mejor de este medio maratón fue la fiesta al terminar carrera. El estadio de los Padres abrió las puertas para recibir a los corredores y a sus familias. El césped de los jardines fue lugar inmejorable para estirar mientras se escuchaba la banda de rock, para ver la premiación a los ganadores y escuchar al corredor olímpico y ganador de los maratones de Boston (2014) y Nueva York (2009), Meb Keflezighi, quien felicitó y alentó a los participantes después de llegar en la segunda posición del medio maratón, con tiempo de 1:02:26.

Vero está de regreso en las carreras y marcó uno de sus mejores registros en un recorrido entretenido con algunas pendientes y largas bajadas. Cumplí con mi décimo medio maratón (por cinco maratones) y mi tiempo fue casi el promedio de lo que he registrado en esta distancia anteriormente: 1:58 horas.

Carlos se decidió y corrió su primer medio maratón y al final fue otro de los que disfrutó, al igual que Jones, la zona de recuperación en la “alfombra verde” del estadio ligamayorista.

Mi primer maratón… como voluntaria

San Diego.- Hace unos meses, en septiembre, cuando participé como voluntaria en el festival de cine de San Diego, escribía que con los festivales de cine me parecía que sucedía algo similar a lo que estaba sucediendo con el movimiento de los llamados “runners” o corredores: festivales de cine pequeños, medianos o monstruosos; independientes o comerciales; latinos, afroamericanos, de diversidad sexual, etcétera. Un festival de cine nuevo en nuevos lugares y prácticamente durante todo el año.

El trabajo de los voluntarios es clave en un evento que recibe a miles de corredores.
El trabajo de los voluntarios es clave en un evento que recibe a miles de corredores.

Con las carreras de 5k, de 10k, medios maratones y maratones pasa lo mismo: carreras exclusivas para mujeres, para niños, para apoyar a la investigación de determinadas enfermedades… bueno, hasta con zombies incluídos. Y por supuesto aquellas consideradas ya clásicas, las carreras que todo aquel que se dice corredor quiere correr alguna vez en su vida: el maratón de Nueva York, el de Berlín, el de Londres… el de Boston. Si es moda, si es de verdad intentar promover un estilo de vida más saludable o si es visión, seguramente el tiempo lo dirá.

“The Rock and Roll series” es una serie de maratones y medio maratones que se han vuelto un referente en los últimos años principalmente en Estados Unidos, ya que combinan el deporte con la música, la diversión y con el patrocinio económico a fundaciones y asociaciones de diversas índoles. Este primer fin de semana de junio llegó a San Diego en su edición 16.

Oportunidad para ver a grandes amigos.
Oportunidad para ver a grandes amigos.

Por supuesto que yo a las carreras paso sin verlas, y todos, absolutamente todos esos locos que corren merecen mi respeto y admiración por la constancia, la disciplina y el tesón con el que viven cada entrenamiento y cada nuevo reto. Olvídenlo, nunca podría hacerlo… o quizás sí, pero aquí entre nos, no me interesa. Sin embargo yo quería ser parte de ese fin de semana de locura en la ciudad que se ha vuelto mi hogar desde hace 10 meses, y qué mejor manera de hacerlo que participando como voluntaria.

Quienes me conocen saben la importancia que tiene para mí el donar algunas horas a la semana, al mes o inclusive al año para involucrarme en actividades que de una u otra forma ayuden a mi comunidad, sea una fundación,  asociación, una escuela, o bien, un evento como un festival de cine, un maratón o tantos otros. Es más, estoy convencida de que hoy más que nunca, las horas voluntario debieran tener un peso muy fuerte en el curriculum de cualquier persona. Qué mejor manera de demostrar el compromiso que estamos dispuestos a adquirir en cualquier “empresa” que trabajando de a gratis por el simple placer de hacerlo, por ser uno de los pares de manos por los que es posible que tantas cosas se lleven a cabo.

La comunidad de San Diego recibió, días antes del maratón, información sobre los cambios en el transporte público.
La comunidad de San Diego recibió, días antes del maratón, información sobre los cambios en el transporte público.

En fin. El viernes 31 de Mayo fui parte del staff que dio la bienvenida a los maratonistas, medio maratonistas y relevistas en la “Health and fitness expo” en donde los corredores recibieron números de participante, playeras conmemorativas, programas oficiales y cualquier otro tipo de información importante para el fin de semana. Junto a mí, trabajaron cientos más de voluntarios: niños y adolescentes repartiendo playeras, muchísimas personas de la tercera edad que buscan ocupar el tiempo que tienen libre ahora que están retirados, discapacitados para los que una silla de ruedas no es obstáculo para ser sonriente embajador de algún evento, y en general, personas que pudieron disponer de su mañana o tarde y cambiar su rutina habitual.

El maratón de San Diego recibió a más de 30 mil corredores; muchos de ellos locales, pero muchos que viajaron desde diversas partes del país, del Continente y del mundo. Para algunos, éste fue su estreno como corredores; otros más lo tomaron como un entrenamiento previo a algún otro evento o como el pretexto para, además de correr, conocer una nueva (y no por nada, pero hermosa) ciudad; y algunos otros cumplieron con éste, el sueño de haber corrido cada uno de los 16 maratones que se han llevado a cabo en San Diego. Todos, sin embargo, llegaban con la sonrisa que delata a aquel que sabe que está cumpliendo una meta más.

Las calles fueron decoradas con carteles conmemorativos a la edición 16 del maratón de San Diego.
Las calles fueron decoradas con carteles conmemorativos a la edición 16 del maratón de San Diego.

Debo decir que siendo éste el primer evento de este tipo (deportivo) que me toca vivir fuera de México, quedé sorprendida de la logística implementada. Desde hace semanas, el MTS (el Sistema Metropolitano de Transporte) colocó en cada una de sus unidades (camiones y vagones de trolley), folletos que explicaban qué zonas de la ciudad se verían afectadas por los cierres de calles en el maratón, así como las modificaciones tanto en rutas como en horarios que tendría el transporte público. Sí, la planeación ante todo para evitar las sorpresas del “chin, otra calle cerrada; ¡ay! con esos locos que corren”. El domingo, otros miles, además de los 30mil corriendo, salimos a las calles para apoyar a los participantes a lo largo de los 42 kilómetros (ok, ya estoy aprendiendo a hablar en millas así que lo diré propiamente: a lo largo de las 26.2 millas). Al final, en la meta en el PETCO PARK, la casa de los Padres de San Diego (equipo de beisbol de las Grandes Ligas) las bandas musicales, la fiesta, y por supuesto la cerveza, cerraron con broche de oro un fin de semana de lo más divertido.

Disfruté la locura, el trabajo, el recibir a viejos y queridos amigos (uno de ellos @lopezneri, quien me invitó a escribir esta colaboración) en ésta, mi ciudad; el pensar que seguramente durante este año tampoco correré ni siquiera una carrera de 5 kilómetros, pero sobre todo, disfruté el saber que ésta no será la última ocasión en que tenga la oportunidad de involucrarme con los asuntos de la ciudad, de sentirme parte de ella, y de escuchar: “Gracias por su tiempo y su apoyo, queridos voluntarios”

Saludos.

@adrix_aguirre

San Diego: el maratón donde todo cambió

 I

Esta vez todo cambió.  Seis meses después de correr el maratón de Las Vegas, ante la cancelación de la competencia de Nueva York por el huracán Sandy, los 42.195 kilómetros del recorrido por las avenidas de San Diego resultaron un trayecto de diversión, retos constantes y satisfacciones.

El cambio fue de lo más sencillo hasta los puntos críticos que se deben tomar en cuenta para una carrera de este tipo: del negro de la playera conmemorativa del maratón de Las Vegas se pasó al blanco; de los camiones que nos transportaron a la línea de salida a la limo Hummer; de la ruta por el desierto y escasos puntos de hidratación a la hospitalidad de los vecinos que salieron a las calles a vitorear a los corredores; de Las Vegas de noche a una mañana de euforia en el estacionamiento del estadio de beisbol de los Padres de San Diego, con más de 20 mil corredores que festejaron sus logros.

El día previo a la carrera.
El día previo a la carrera.

Parte de este cambio fue también el domingo previo a las carreras: una semana antes a la competencia en Las Vegas estaba en cama con 39 grados de temperatura, mientras que el domingo anterior al 2 de junio en San Diego, corrí 15 kilómetros, tal como lo marcaba el programa de entrenamiento.

Y sí, todo cambió gracias en gran parte a la experiencia previa en esta distancia. El respeto al maratón me hizo planear una carrera con el único objetivo de sentirme bien durante el trayecto y el resto del día. No era cosa menor.

 

II

Después de que sonaron tres alarmas a las cuatro de la mañana, Vero y yo estábamos listos en el lobby del hotel a las 4:30 para esperar el camión que nos llevaría al Parque Balboa para a la salida.

La primera sorpresa del día llegó justo en el estacionamiento del hotel, donde nos negaron el pase a uno de los camiones y nos mandaron, gracias a un par de boletos que nos entregaron al registrarnos dos días antes, a otro vehículo. Nos esperaba una limosina Hummer en la que al igual que nosotros, once corredores más subieron no sin antes tomarse una foto.

A las 4:50 estábamos sentados en el jardín del Parque Balboa, uno de los lugares más representativos de la ciudad. Aún no amanecía y algunos corredores aprovecharon para descansar, comer algo, entregar sus cosas en el guarda ropa o alistar sus reproductores de música.

Vero y yo nos sentamos unos minutos, tomamos algunas fotos y ubicamos los sanitarios especiales que la marca de tenis Brooks montó para quienes, en la expo, compraron productos de esa marca.

Justo esa iniciativa de Brooks fue la segunda sorpresa. Para quienes han participado en alguna carrera no es difícil ubicar los sanitarios portátiles -azules por lo general- que se instalan para los corredores, cabinas que no tienen otro objetivo más que proporcionar el servicio básico. Pues los baños de Brooks ofrecían mayor espacio, agua caliente y algunos accesorios de regalo para sus clientes, como vaselina y geles.

El servicio de traslado del hotel a la línea de salida fue en limosina.
El servicio de traslado del hotel a la línea de salida fue en limosina.

Esta opción nos permitió una segunda parada a escasos 10 minutos de ingresar al corral de salida y estar relajados antes del escopetazo inicial.

A lo largo de estos meses como corredor me ha tocado escuchar distintas versiones de quienes corren y finalizan un maratón. Las descripciones por lo general se centran en el momento en el que se cruza la meta y hay quien ha llegado a equiparar ese momento con el nacimiento de un hijo.

En mi caso y luego de dos maratones, el momento de mayor emoción es cuando ingresas al corral de salida. Esa espera de 10 ó 15 minutos al disparo de salida resume meses de preparación, de problemas de horario para entrenar, de crisis en el trabajo y de dolores en el cuerpo, que si no se hubieran superado esa espera sería imposible.

Pues bien, no había más que esperar. El momento para el que entré estaba justo frente a mí con la marca de salida del Maratón de San Diego.

 

III

La estrategia estaba planeada. Arrancaría de manera muy lenta e iría incrementando el ritmo con el paso de los kilómetros. En el papel, tenía que correr la segunda parte del maratón más rápida que la primera. El reloj se programó para indicar tiempos parciales cada 10 kilómetros.

El video que muestra las calles por donde pasará el maratón se muestra en la Expo.
El video que muestra las calles por donde pasará el maratón se muestra en la Expo.

Nos inscribimos a esta carrera, Vero y yo, con un tiempo estimado para finalizar de 4:00 horas, por lo que desde nuestro corral ubicamos sin mayor problema a los pacers o marcadores de paso que llevaban banderines de 3:55 y 4:10 horas.

Como era de esperar, al disparo de salida nos rebasó el grupo de 3:55 y nos fuimos muy cerca del de 4 horas 10, sin embargo, y a pesar de la inyección de adrenalina que significa el arranque, dejamos que se fuera el grupo de 4 horas 10, nos pareció que salió muy rápido, lo cual comprobaríamos kilómetros más adelante.

Vero y yo nos fuimos juntos, en algún momento alguien se adelantó en busca de algunos espacios, pero siempre volvimos a encontrarnos.

Salimos con un paso más rápido de lo que teníamos considerado, nos sentíamos bien. Los mismos participantes, la emoción y un trayecto plano facilitaron el buen ritmo, aunque yo preferí correr más lento y evitar a toda costa que me sucediera lo de hace seis meses en Las Vegas.

Cruzamos el centro de San Diego y casi al pasar la embajada de México sonó la primera alerta de las cuatro que había programado: 10 kilómetros en 55:53 minutos, un tiempo rápido considerando que el plan era bajar ese parcial más adelante y que mi mejor marca en esa distancia es de 50 minutos. Faltaba por recorrer poco más de 32 kilómetros.

El clima para este día no pudo ser mejor: cielo nublado y 17 grados centígrados. Del sol, ni sus luces. Pasamos el kilómetro 15 y todo iba mejor de lo planeado, nos sentíamos fuertes y el pronóstico auguraba que el paseo sería placentero.

Era el kilómetro 19 y estábamos en Mission Bay Park, un complejo habitacional frente al mar con grandes jardines y baños cada 800 metros aproximadamente. Una noticia que Vero hoy agradece.  Casi en la marca de los 20 kilómetros, Vero decidió hacer una escala para ir al sanitario, seguíamos en Mission Bay y era el momento ideal.

Para mí, esta semana significaba la número ocho de manera seguida en la que por lo menos corría una distancia de 20 kilómetros, justo el kilometraje en el que nos encontrábamos. Me sentía fuerte y con ganas de apretar el paso. Así fue. Mientras Vero aprovechó para detenerse un minuto, yo empecé a rebasar gente.

 

IV

Correr es un deporte peculiar y con diferente objetivos según cada persona. Mientras que en el beisbol el objetivo es ganar y ser el mejor, cuando se corre un maratón el atleta tiene la opción de hacer lo que le venga en gana.

En esta ocasión me tocó ver desde el joven con el tradicional disfraz de Elvis Presley -común en las carreras en Estados Unidos- hasta una persona a la que en la milla tres le entregaron un par de balones de basquetbol con los cuales recorrió el trayecto botando uno con cada mano.

Vero espera la hora de la salida en un jardín del Parque Balboa.
Vero espera la hora de la salida en un jardín del Parque Balboa.

Lo que más me llamó la atención fue la charla que sostuvieron dos mujeres jóvenes, madres de familia. La verdad es que no puse atención a lo que decían hasta que escuché a una decir: “Mucho gusto, me llamo Ana”. Dos desconocidas entre sí dejaron de serlo justo cuando corrían un maratón y decidieron que era buen momento para compartir sus historias.

Ana le dijo a su amiga lo complicado que es entrenar para un maratón. Ella reviró y le explicó que, junto con su esposo, se organizó para definir cuándo cuidaría él a los niños para así programar los horarios de sus entrenamientos.

San Diego resultó ser “un pueblo” -diría @adrixaguirre– con gente de gran calidad humana. En el trayecto no faltó quien salió de sus casas para ofrecer agua fría y dulces a los corredores, otros más sacaron las mangueras de sus casas para literalmente, dar un baño a quienes pasaron por ahí.

“Estoy orgulloso de ti, perfecto desconocido” y “Ya no eres más un corredor, eres un maratonista”, fueron dos de las cartulinas elaboradas por los vecinos de San Diego que mostraron a lo largo del camino y que hoy más recuerdo.

 

V

Después de cruzar el medio maratón los siguientes 10 kilómetros fueron una verdadera fiesta. El cronómetro no importaba en ese momento, al menos para mí. No obstante era justamente el tiempo lo que daba la nota en ese momento: el keniano Bernard Koech detuvo el crono en 58:41 minutos en el medio maratón, la mejor marca registrada este año, el medio maratón más rápido en suelo americano y la tercera mejor marca en la historia (nota y video).

Después del segundo periodo parcial de 10 kilómetros, mi reloj marcó 59:08 minutos, más de cuatro minutos respecto a la primera vuelta. Iba rumbo al kilómetro 30, el cual marca tradicionalmente el inicio de la parte más complicada de un maratón y justo el trayecto de mayor dificultad en esta carrera: una pendiente de casi dos kilómetros.

Kilómetro 30, milla 20 aproximadamente y la pendiente a la vista. Era un tramo de la carretera 163 y que a todas luces fue la parte más complicada de la ruta. Por mi parte seguía disfrutando de una de las mejores carreras de mi vida, me sentía todavía fuerte gracias a la buena combinación de agua, Gatorade, geles de sodio, azúcar… y al buen entrenamiento.

Esta subida en la ruta se caracterizó por los montones de corredores que tuvieron que caminar o de plano detenerse antes de seguir. En cambio, yo pude seguir con mi trote sin gran dificultad. ¡Gracias Zacatecas!

El clima fue uno de los factores que jugaron a favor de los corredores.
El clima fue uno de los factores que jugaron a favor de los corredores.

El reclamo tenía que llegar: “En que momento decidimos correr San Diego”, preguntó un hombre a su pareja mientras caminaban la pendiente.

Para ese entonces Vero venía detrás de mí, me veía mientras corría. Nuca supe que estaba tan cerca. Para ella la inclinación fue exigente pero subió sin mayor problema.

El tercer parcial, el kilómetro 30, bajé el tiempo respecto al lapso anterior pero nunca como el primer 10k. El reloj marcó 58:40 y faltaban poco más de 12 kilómetros para cruzar la meta.

 

VI

La recta final. Para ese entonces el “pacer” de las 4 horas y 10 minutos era historia. Más tarde Vero me confirmaría que debió abandonar carrera, un caso que solo reafirma que el maratón es cosa seria y que un mal día lo tiene hasta el más experimentado. Así como adelanté al grupo de 4:10, después del kilómetro 15 nunca alcancé al guía de 3 horas 55 minutos.

Quien diga que el tiempo es lo de menos en un maratón, créanle. Sin embargo, no conozco una persona que evite mejorar sus marcas y ser cada día más competitivo.

En mi caso, venía de una experiencia poco agradable y mi objetivo era disfrutar la carrera. Sé, lo aprendía el domingo, que disfrutar una carrera es correr cada kilómetro con paso seguro, fuerte, con la sensación que puedes dar más y estar consciente de lo que sucede a tu alrededor. Cuando pasé por los kilómetros 30 y 35 y vi que mis tiempos eran de lo mejor que había registrado en esas distancia, pasó por mi mente la idea de que podría cruzar la meta en menos de cuatro horas. Era una emoción adicional a la que ya sentía en la carrera. Preferí seguir con esa sensación. Ya habrá otras oportunidades para buscar algo más.

El estadio de los Padres de San Diego abrió sus puertas para la recuperación de los corredores.
El estadio de los Padres de San Diego abrió sus puertas para la recuperación de los corredores.

Llegamos de nueva cuenta al Parque Balboa y al salir nos esperaba la marca de los 40 kilómetros. El cuarto parcial se marcó justo en la hora.

Mi estrategia no la ejecuté como la pensé (me entretuve disfrutando el momento) los mejores 10 kilómetros fueron los primeros y el más alto fue el cuarto y último, sin embargo, los tiempos intermedios se mantuvieron y al cruzar la meta detuve el reloj en 4:08 horas, 28 minutos menos que mi tiempo en el maratón de Las Vegas.

 

VII

Esta vez todo cambió. Por primera vez al finalizar una carrera me fue imposible encontrar a Vero, a pesar de que llegó solo tres minutos detrás de mí; nos encontramos en el punto de reunión familiar y de ahí nos fuimos a las butacas del estadio de beisbol para escuchar la banda de rock que festejaba a los corredores. Comimos hot dogs y tomamos cerveza.

Todo cambió. Si corres un maratón en la mañana tendrás el resto del día y las siguientes 24 horas, por lo menos, para recordar la hazaña lograda. El dolor de las piernas reclamarán por el exceso de ejercicio realizado; al final de la jornada y del año, el esfuerzo habrá valido la pena. Correr hace seis meses en la tarde nos obligó a descansar en el hotel más temprano de lo planeado.

Hoy me queda todavía más claro que correr duele, así es y así tiene que ser para que después de cruzar la meta de un maratón se pueda experimentar esa sensación de satisfacción que pocas cosas en la vida pueden dar.

El domingo 2 de junio de 2013 corrí un maratón en el que todo cambió.

[box type=”info”] El keniano Bernard Koech se convirtió en la figura del día: marcó 58:41 minutos en el medio maratón, la mejor marca registrada este año, el medio maratón más rápido en suelo americano y la tercera mejor marca en la historia.[/box]

Estamos locos

Quien corre por vez primera un maratón podrá tener varias justificaciones para explicar la razón para hacer algo tan extremo, pero quien después de esa experiencia opta por correr los 42.195 kilómetros una vez más, puede considerarse un verdadero loco. En la segunda categoría me encuentro yo.

El avón
El traslado a la ciudad sede.

Una persona que un buen día decide iniciar el entrenamiento para correr 42 kilómetros puede argumentar que es algo que debe hacer por lo menos una vez en su vida, que después de correr varias pruebas domingueras de 10, 15 ó 21 kilómetros, el maratón es la siguiente meta o simplemente, como en mi caso, recorrer las calles de una ciudad a trote, bien lo vale.

A favor de las personas que se lanzan por primera vez 42 kilómetros puedo decir que lo hacen porque no saben de lo que se trata. En cambio, a las personas que después de vivir esa experiencia inician el recorrido de por lo menos 12 semanas de entrenamiento, simple y sencillamente no lo alcanzo a entender.

A casi una hora de aterrizar en la ciudad donde correré mi segundo maratón, hago un repaso por los últimos cinco meses de entrenamiento para llegar lo mejor preparado posible a este domingo y hay vivencias enriquecedoras que vienen con el hecho de elegir correr largas distancias de manera disciplinada, no obstante, también hay situaciones menos placenteras.

Uno de los mejores momentos de esta fase de entrenamiento para el maratón de San Diego fue el medio maratón de Zacatecas en abril. A esa prueba llegué en un buen momento físico y lo mejor de ese viaje fue dejar la ciudad con cuatro medallas de participación en lugar de los dos metales con los que usualmente lo hacemos. Ratificamos que hay dos deportistas más en la familia.

Estas semanas han sido la consolidación de casi dos años de buena salud, de mantener mi peso alejado de los 99.5 kilos con los que empecé la travesía de ser corredor.

Organizar nuevamente un viaje para llegar a una ciudad nueva obliga invariablemente a buscar alternativas, ver opciones para llegar al destino y establecer contacto con distintas personas para sacarle provecho a la visita. Disciplina vuelve a ser la palabra.

Amanecer.
Así amaneció San Diego 24 horas antes del arranque del maratón.

Pero cómo olvidar los momentos en los que el cuerpo parece desconectarse de la menta y decide que no va más. Que el dolor en las piernas pasa de ser algo que te recuerda que estás entrenando todos los días a un indicativo de que mejor modifiques la rutina si quieres evitar una lesión.

Me pasó en el Río Atoyac justo al iniciar un entrenamiento de velocidad. A los cinco minutos de haber arrancado con un trote suave de calentamiento, recuerdo que me detuve, di media vuelta y empecé a caminar rumbo a mi casa. No avancé más de cinco metros cuanto regresé, retomé el camino y terminé la rutina de ese día: poco más de ocho kilómetros.

El entrenamiento más largo para este maratón fue una sesión de 30 kilómetros en la Laguna de San Baltazar. La sensación con la que terminé ese entrenamiento sólo se compara con la experiencia que viví en diciembre pasado cuando debuté en el maratón: me sentí fatal, todo me dolía. Todo.

¿Por qué estoy en este momento en un avión rumbo a la línea de salida de un maratón? Porque así lo decidí y el reto es enorme. Porque me gusta la disciplina que envuelve el ambiente del corredor, porque al final del día, sin una meta bien definida, es imposible lograr los resultados.

¿Por qué me hago esta pregunta a menos de 48 horas de arrancar el maratón? Porque hoy tengo que ratificar que sin un toque de locura es imposible llegar a la meta en cualquiera que sea nuestro caso: el deporte el trabajo o la vida misma.