La medalla que nunca debió salir del anaquel

Las medallas del maratón de Nueva York 2012 se entregaron a los corredores inscritos.
Las medallas del maratón de Nueva York 2012 se entregaron a los corredores inscritos.

Es una de las medallas más bonitas que he recibido, sin duda.

Su tamaño cubre la palma de mi mano, de fondo, los rascacielos de la ciudad de Nueva York; el Empire State del lado derecho, símbolo inequívoco de que se trata de esa ciudad. En primer plano, un corredor atraviesa la ciudad y bajo él, destaca el número 2012.

En toda su circunferencia se lee: “The ING New York City Marathon. New York Runners”. La cara posterior de la presea tiene plasamada el logotipo del New York Road Runners, los organizadores de la carrera; los casilleros “Finisher” y “Time” ocupan la parte central; la leyenda “Run for life” y la fecha 11.04.12 completan la información de esta recompensa para quienes se inscribieron en el Maratón de Nueva York 2012.

Una medalla perfecta que se fabricó con el fin de ser entregada a los participantes de uno de los maratones más famosos del mundo en su edición del 2012. Sin embargo, el Huracán Sandy golpeó fuerte a la ciudad y el desfile deportivo se canceló por primera vez desde que fue creado en 1970.

Así como es el trofeo mejor logrado que he visto como corredor, también creo que es la recompensa que jamás debió haber salido de las oficinas de los organizadores. Si bien la medalla sería el galardón a un año de trabajo, de disciplina en las pistas y en la mesa (el nutriólogo lo sabe), de limitaciones en la vida social y más, el metal que cuelga de un listón naranja es un premio a un logro que jamás se consiguió: cruzar la meta del trayecto de poco más de 42 kilómetros.

Para quienes gustan de deportes como el beisbol, la entrega de esta medalla es el equivalente a esas gorras y playeras que se hacen en un partido final de Serie Mundial, en el que cualquier equipo puede coronarse y se fabrican souvenirs que muestran a ambas novenas como campeonas, no obstante, sólo una versión de esos recuerdos saldrá a la venta de manera inmediata, mientras que la otra, la del equipo perdedor, se irá a la basura.

El foro del maratón de Nueva York en Facebook recibió un sinnúmero de comentarios al respecto, en los cuales algunos corredores aseguraban que el 4 de noviembre del 2012 corrieron lo equivalente a un maratón en Central Park, por lo que pedían a los organizadores que les enviaran sus medallas. Al respecto y como ha sido a lo largo de los meses previos al maratón, los organizadores han evitado pronunciarse de manera precisa al respecto.

Otras competencias en Estados Unidos, como el maratón de San Francisco por ejemplo, aclaran en sus convocatorias que el galardón sólo se entregará a aquellos corredores que crucen la meta. No basta con inscribirse para ser merecedores de una presea de maratonista. Como dicen los americanos: it is what it is.

Para mí, la medalla del Maratón de Nueva York tiene un gran valor porque llegué al día de la cita listo para el reto; con la preparación necesaria para cubrir la ruta con una sonrisa en el rostro y una cámara fotográfica en la mano; alcancé condiciones para poder finalizar la carrera y disfrutar del resto del día sin mayores dolores o algún síntoma de cansancio extremo. Eso significa, pero no necesito tener esta distinción en la mano para que valga.

Como deportista, considero que esta insignia nunca debió haber salido de los anaqueles de los organizadores. Al igual que el maratón, la entrega de las medallas debió cancelarse y guardarse para otra ocasión. Así de sencillo.

En sus marcas, ¿listos?

¿Qué puede ser más frustrante que prepararte un año para correr un maratón y que dos días antes de la carrera se cancele?

Que un mes después, ya inscrito en la carrera en la que cumplirás la meta de cubrir los 42 kilómetros a trote, caigas enfermo con un cuadro gripal fuerte y una tos que difícilmente te dejará correr más de dos kilómetros sin sofocarte.

Vamos por partes, el huracán Sandy fue una tragedia para buena parte de la gente de Nueva York y el solo hecho de intentar celebrar el maratón bajo la sombra de la destrucción, era un insulto para los neoyorquinos.

El entrenamiento del maratón incluye, en su etapa final y como recomendación de médicos y nutriólogos, que el deportista consuma de manera regular vitaminas, en particular vitamina C. Así lo hice hasta la semana de Nueva York.

Tras la noticia de la cancelación suspendí la ingesta, nunca imaginé que correría la distancia este mismo año.

Pues bien, todo listo para el próximo 2 de diciembre… salvo el corredor.